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15 noviembre 2011

La cara oculta del placebo: el nocebo.


Es muy común que cuando evaluamos la eficacia de las terapias alternativas recurramos al famoso efecto placebo, es decir, la expectativa de que el tratamiento va a ser beneficioso puede dar lugar a una recuperación de síntomas no demasiado graves. Este efecto es muy conocido en medicina y por eso en todos los ensayos clínicos serios se incluye un grupo experimental denominado placebo al que se le administrará un tratamiento que tendrá las mismas características que aquel que se está evaluando (por ej. si se trata de una pastilla, al grupo placebo se le dará una pastilla exactamente igual pero sin el principio activo). Esto no es información nueva porque ya se sabe hace muchos años pero, ¿qué ocurre si las expectativas del paciente, en lugar de ser positivas son negativas? En ese caso existe la probabilidad de que los síntomas de la persona empeoren y que tenga lugar lo que se denomina efecto nocebo, que sería la cara oscura del placebo.

Antes de meternos en faena, una apreciación de tipo lingüístico. Hay autores a los que no les gusta hablar de “efecto placebo” o “efecto nocebo” porque en esa expresión subyace la idea de que el tratamiento en sí produce un efecto (lo igualaríamos a un efecto farmacológico), por eso algunos optan por llamarlo reacción o respuesta placebo/nocebo, ya que es en realidad eso, una respuesta de nuestro organismo a las expectativas que tengamos con respecto a la eficacia del tratamiento. Hecha esta distinción previa, pasemos a hablar de la respuesta nocebo.

Hay situaciones en las que un alto porcentaje de la gente tiene expectativas negativas sobre un cierto tratamiento. El ejemplo ideal es el de la visita al dentista. Sin embargo, por más que he buscado no he encontrado estudios en relación con esta profesión y el efecto nocebo (podrían ser catastróficos para su imagen). Bromas aparte, la respuesta nocebo ha sido demostrada experimentalmente en ciertos trabajos. Por ejemplo, en la revista Pain se publico un estudio en el que se evaluaba la efectividad de diversos tratamientos contra las migrañas y se observó que los individuos del grupo placebo mostraban un alto porcentaje de efectos adversos (en algunos casos de hecho eran sólo los individuos de este grupo los que mostraban tales efectos secundarios). En otro trabajo se mostró que de 75 personas a las que se les inducían náuseas de forma artificial, 25 de ellas presentaban incluso más náuseas cuando les era administrado un placebo.

Parece ser que la expectativa del paciente es fundamental en la aparición de la respuestas placebo y nocebo. Un trabajo mostró en los años 80 que el informar sobre los efectos secundarios de ciertos tratamientos podía dar lugar a un incremento en la aparición de enfermos de corazón. El estar asimismo informado sobre efectos negativos de algo que no los produce también puede dar lugar a la aparición de la respuesta nocebo, como si se tratase de una infección. Así, en el año 62 trabajadores de una fábrica textil comenzaron a sufrir dolores de cabeza, irritación de la piel o náuseas que atribuyeron a la presencia de un mosquito que habría llegado de Inglaterra entre una partida de telas. Sin embargo no se encontró al mosquito en cuestión y sí que se observó una “infección psicogénica masiva” alrededor del mundo que afectaba por lo general a comunidades pequeñas y que se extendían más rápidamente entre mujeres que habían visto a otras sufrir esa misma condición. Y es que este es otro de los factores que influyen en la aparición de la respuesta placebo/nocebo, la empatía. Si se observa en alguien un efecto beneficioso o perjudicial de un determinado tratamiento y la empatía con esa persona es grande (si es un amigo o familiar cercano), habrá más probabilidades de que esa persona dé lugar a una respuesta placebo o nocebo en función de las circunstancias. Este último aspecto podría tener mucho que ver con el famoso “a mí me funciona” que corre de boca en boca sobre todo en el caso de las llamadas terapias alternativas. En general el placebo y nocebo se ven como extremos de un continuo donde los mismos condicionantes pueden llevarnos de un extremo a otro en función de las circunstancias.

Y, a nivel del encéfalo, ¿qué regiones estarían implicadas en estas respuestas? Un estudio reciente observó la actividad del cerebro en respuesta a un potente analgésico en función de las expectativas de los individuos acerca del tratamiento (inducidas en cierta medida por los investigadores). Lo que se observó es que aquellos que presentaban una expectativa positiva mostraban un incremento de la actividad de regiones relacionadas con el control del dolor (por ej., la sustancia gris periacueductal), mientras que en aquellos que presentaban expectativas negativas esas regiones no se activaban y sí otras como el hipocampo. En cuanto a las moléculas que podrían dar lugar a estas respuestas, se ha visto que la colecistoquinina, que media, entre otras cosas, respuestas de dolor, podría estar implicada en la hiperalgesia (sensación incrementada de dolor) producida por la respuesta nocebo.

Por último, existen casos extremos del efecto nocebo. Por ejemplo, algunas muertes producidas por el uso de magia negra o vudú. No son muy frecuentes pero personas especialmente susceptibles pueden verse afectadas de forma muy negativa por la expectativa negativa que estas prácticas generan en ciertas culturas. Y no debemos olvidar que incluso algunas terapias alternativas pueden dar lugar a respuestas nocebo, por lo que no serían tan inocuas como sus defensores suelen defender.

La existencia de estas respuestas placebo y nocebo plantean cuestiones éticas importantes en el tratamiento médico. Por ejemplo, si sabemos que la información sobre efectos secundarios de un tratamiento puede disparar la respuesta nocebo, ¿debe primar entonces la información del paciente sobre las posibles consecuencias negativas de esa información? Se sabe, por ejemplo, que si a un paciente al que se está administrando un analgésico por vía intravenosa se le informa de que ese tratamiento ha sido detenido pero en realidad sigue siendo administrado el efecto analgésico de ese tratamiento se ve reducido. Otra cuestión interesante al respecto es si debe fomentarse entre los médicos el adquirir estrategias para fomentar la confianza de los pacientes en los tratamientos, incluso aunque a veces se exageren algo los resultados, para así favorecer las respuestas placebo. Son estas cuestiones que deberán ser estudiadas en tiempos venideros.

Una nota curiosa pero anecdótica: me contaba el otro día un veterinario que a veces cuando les llega gente con su perro o su gato diciendo que su mascota está apática, que ya no juega con ellos, etc (imagino que sabéis a lo que me refiero) muchas veces le inyectan solución salina a la mascota y los dueños se van tan tranquilos. ¿Sería eso efecto placebo de segundo orden?


06 noviembre 2011

Sobre el fraude científico y los medios de comunicación.


Hace unos día se ha sabido que el investigador (¿o sería más bien himbestigador?) holandés Diederik Stapel cometió fraude en decenas de publicaciones científicas, algunas de alto impacto, como Science, que se ha apresurado a escribir un editorial en el que advierte de la poca credibilidad que tendrían los datos presentados por este psicólogo.

Los hechos por supuesto son reprobables, como si suceden en cualquier otra ocupación. Nos indigna ver que un delantero se tira en el área contraria simulando un penalty, que un policía se lucra vendiendo la droga que decomisa o que un banquero…en fin, cualquier cosa que haga un banquero. Posiblemente lo peor que puede hacer un científico es falsear datos o, como en el caso de este psicólogo holandés, inventarse esos datos, que ya puestos en faena es más cómodo que tener que hacer el experimento para luego amañar los resultados (ya que somos ruines lo somos por partida doble).

Sin embargo, lo que me interesaba en este caso es comentar brevemente el papel de los medios en estos casos de fraude científico. Los que nos dedicamos a la ciencia somos los más indignados con el tema porque pasamos muchas horas en el laboratorio obteniendo muchos resultados negativos y decepciones como para que alguien que no ha movido un dedo o que ha falseado datos consiga publicaciones en revistas de alto impacto, con todo lo que ello significa (mayor reconocimiento, mayor acceso a becas o contratos, mejores subvenciones…). Por otro lado, teniendo en cuenta que los fondos destinados a la investigación dependen en gran medida de la aportación del estado y, por tanto, de los contribuyentes, el fraude científico sería casi equiparable a una malversación de fondos que afecta a la sociedad en su conjunto. Ahora bien, sabemos que los casos de fraude científico no son excesivamente numerosos y la ventaja que tiene la ciencia con respecto a otras formas de creación de conocimiento es que esos nuevos datos, si son relevantes, van a intentar ser reproducidos por otros grupos de investigación, por lo que más tarde o más temprano se terminará sabiendo si ha habido fraude o no. Por este motivo, algo que a priori tampoco es tan relevante en cuanto a sus consecuencias prácticas (nada comparable, por ejemplo, a una estafa económica) adquiere una importancia sustancial en los medios de comunicación.

Durante estos días la noticia del fraude del psicólogo holandés ha aparecido en casi todos los medios de comunicación, en algunos casos incluso entre las noticias destacadas del día, lo cual no me parece en absoluto censurable, pues es una información relevante que debe ser conocida por el público. El problema es que la ciencia no goza de demasiados titulares en la prensa y los medios de comunicación en general, por lo que el tratamiento que se hace de estas noticias puede dar la sensación de que el fraude es una práctica habitual de los científicos, contribuyendo a crear una figura negativa del científico, al menos en algunos sectores de la población. Por suerte los científicos gozan de la valoración más alta por parte de los ciudadanos en comparación con muchas otras ocupaciones.

Por otro lado, en los medios se exagera la importancia de fraude científico intentando enfatizar el papel del científico que lo ha cometido, haciéndolo pasar por una “autoridad mundial en su campo”. Yo, sinceramente, a Stapel no lo conocía y de hecho jamás había visto titulares en medios de comunicación haciendo referencia a sus investigaciones. También he llegado a escuchar en algún telediario que nadie se explica cómo el artículo publicado en Science pudo pasar los filtros para llegar a ser publicado. Hombre, no seamos ingenuos. Fabricar datos no es tan complicado. Basta con saber que un tema es relevante y saber las preguntas adecuadas que deben formularse para publicar con impacto alto. Otra cosa es que haya que hacerlo bien, y Stapel parece que no lo hacía mal.

Que conste que creo que los medios están haciendo un esfuerzo en los últimos años por informar mejor sobre ciencia, aunque todavía queda mucho por mejorar, y podrían aprender de muchos bloggeros, que informan mucho más y mejor sobre ciencia que los principales medios de este país. Por ejemplo, muchas de las noticias que se dan en los periódicos y televisión son calcos de otras por la sencilla razón de que los periodistas copian los comunicados de prensa que les envían una semana antes de su publicación las revistas científicas más importantes, como son Science, Nature o Lancet, que en general, son buenos artículos periodísticos (están escritos con ese fin), pero que hacen que la información que se ofrece sobre la ciencia en los medios sea muy homogénea y que a menudo no se hable de artículos publicados en otras revistas muy interesantes aunque menos mediáticas que las otras. Aunque este es otro tema del que posiblemente hablaremos en el futuro.

07 marzo 2011

El valor de la experimentación animal (II).

Cuando hablamos de experimentación animal rápidamente nos acordamos de organismos como ratas o simios en jaulas. Sin embargo, no siempre es así. La experimentación animal se apoya en diferentes modelos que nos permiten conocer la fisiología de los organismos, el medio natural en el que se desarrollan o la interacción entre el hombre y su medio.

Hasta cierto punto, el problema de la experimentación animal se resume en una cuestión de costes-beneficios y, por ello, no es tanto una decisión emocional (si fuese de ese modo, seguramente nunca lo haríamos), como de una decisión más raciona,l basada en los costes que todo ello pueda comportar (la muerte de miles de animales) frente a los beneficios (la posibilidad de mejorar nuestra calidad de vida y posiblemente la esperanza de vida media, incrementar nuestro conocimiento acerca del medio natural). Con ello, la experimentación animal es utilizada en muy diferentes estudios, que abarcan campos tan diversos como la biomedicina, la ecología y que afectan a campos de importancia no sólo para nuestra propia supervivencia sino para la propia economía como son la ganadería o la producción animal. Por tanto, algunas de las razones por las que consideramos aconsejable la investigación animal serían las siguientes:

1.La primera razón es una cuestión de elección y es posiblemente la más arbitraria de las razones. Si deseamos, por ejemplo, probar nuevos fármacos o nuevas técnicas quirúrgicas tenemos la opción de hacerlo en miembros de nuestra propia especie o en miembros de otras especies que, por su semejanza a nosotros nos permita inferir cuáles serían los efectos de dichos fármacos o técnicas quirúrgicas en el ser humano. Hasta el momento, la sociedad como conjunto parece haber aceptado esta práctica y hay que aceptar por tanto, este punto tal y como lo que es: egoísmo de especie.

2.Aunque no tiene por qué ser su objetivo principal, los animales también pueden verse beneficiados de la experimentación animal. Así, los conocimientos basados en ciertos grupos animales pueden ser extrapolados a otros animales de interés para los seres humanos, como mascotas, animales de producción (ganado) o especies silvestres que se encuentren bajo categorías de amenaza o especies en peligro de extinción. Sírvan de ejemplo los estudios que ponen de manifiesto los efectos negativos que ejerce sobre la supervivencia de faunas insulares la introducción de patógenos. Aquellos estudios experimentales que permitan encontrar fármacos que pudieran reducir los costes de estos patógenos podrían implicar beneficios directos en la conservación de estas especies.

3.Trabajar con animales de experimentación permite realizar investigaciones que de otro modo sería imposible, especialmente aquellas que pretenden explicar mecanismos, pues habitualmente van acompañadas de modificaciones de las condiciones fisiológicas Por ejemplo, si quiero estudiar las señales eléctricas de neuronas individuales, o la liberación de neurotransmisores en regiones concretas del cerebro en un animal vivo debo practicar una craneotomía e introducir en el cerebro un electrodo que me permita tomar esas medidas, algo que únicamente se ha realizado en humanos cuando éstos necesitan alguna intervención quirúrgica.

Ahora bien, hay una serie de problemas que plantea la investigación con animales, que deben ser regulados adecuadamente y, que de hecho, lo están:

¿Dónde debemos poner el límite de las especies que podemos utilizar?¿Por qué gusanos, moscas y peces sí, pero no primates o cobayas? ¿Sólo porque unos son mamíferos y los otros no? Claramente la visión social sobre la permisividad a experimentar o no con un grupo animal está basado en la proximidad filogética con nuestra especie.

Y, por otro lado, ¿quién pone el límite a las técnicas que pueden emplearse y que no pueden emplearse? De nuevo, es una cuestión de costes-beneficios. A cambio la de emplear animales de experimentación la sociedad exige que se cumplan unos estándares de bienestar de los animales. Además se intenta seguir la famosa regla de las 3 erres: reemplazo, reducción y refinamiento. El reemplazo implica la búsqueda de nuevas técnicas que permitan evitar el uso de animales de experimentación (por ejemplo, usando modelos informáticos, o cultivos de líneas celulares), la reducción, como su propio nombre indica busca minimizar el número de animales que se destinen a la experimentación, para lo cual habrá que determinar de antemano cuántos animales se emplearán y si existe alguna posibilidad de modificación en el diseño experimental que permita reducir el número de animales empleado; el refinamiento se basa en el perfeccionamiento de las técnicas empleadas con el fin de evitar en la medida de lo posible el sufrimiento, dolor y angustia de los animales, así como mejorar su bienestar desde su nacimiento hasta su muerte. Por ejemplo, para evaluar los costes de una infección sobre la supervivencia de una especie podemos encontrar animales en la naturaleza que se encuentran parasitados o no. Siempre que sea posible, sería recomendable plantear los experimentos reduciendo los costes de la infección (que previsiblemente beneficiaría a los animales) frente a la alternativa de infectar animales sanos. No obstante, aunque pudiera parecer lo más sencillo y lógico leyendo estas líneas, no siempre es así. Por ejemplo, podría ocurrir que la proporción de individuos infectados en la población no sea lo suficientemente alta como para poder medicar a un número suficiente de individuos con lo que evaluar la hipótesis del estudio, por lo que los resultados no serán conclusivos. Por tanto, el diseño de los experimentos será decisivo a la hora de decidir el número de animales a emplear.

Por último, ¿dónde se pone el límite para decidir cuál es una pregunta lícita para ser estudiada con animales de experimentación? De nuevo es una cuestión de costes-beneficios. Por ejemplo, todos estamos más o menos de acuerdo que estudiar la progresión de un determinado tumor en el hígado es algo que es recomendable estudiar en animales, pero hemos decidido que la industria de los cosméticos no debe emplear animales para probar sus productos, ya que sus costes son mucho mayores que los beneficios que reporta (a la humanidad, no a las empresas, claro).

Por tanto, la experimentación animal es, a nuestro juicio, un mal necesario y tremendamente útil, hasta que no se encuentren métodos alternativos. Mientras tanto, la solución para evitar abusos es regular los usos concretos para los que pueden emplearse los animales de experimentación y llevar a cabo un seguimiento estricto del cumplimiento de esas normas. En algunos países, véase Suecia, Inglaterra o Estados Unidos, estos puntos se cumplen bastante bien, seguramente debidos también a la presión social. En otros países, todavía queda algún camino por andar.

18 febrero 2011

Reconocimiento a un gran científico

Todos estamos familiarizados con el término biodiversidad, todos lo hemos empleado, con más o menos acierto, pero como todo, ese término tan influyente en la biología tiene un "padre". Su origen está ligado a Edward O. Wilson. Pero este autor también está ligado a otras de las más influyentes ideas en biología evolutiva, la sociobiología. Afortunadamente la contribución científica de este autor se recompensa con la reciente concesión del premio Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación. Más información aquí y aquí. Nuestras felicitaciones...

22 diciembre 2008

Cuando un artículo levanta ampollas y deja más preguntas que respuestas.

Recientemente, ciertos investigadores intentaron responder a la pregunta de si existe un sesgo “racista” en las citaciones científicas (un terreno pantanoso en el que entrar). Uno, de vez en cuando piensa que el país de afiliación es un carácter importante a la hora de que un artículo sea aceptado o no en ciertas revistas científicas, pero no siempre piensa en el más allá del después de la publicación. Al respecto, en numerosas ocasiones se escuchan comentarios sobre el doble rasero a la hora de evaluar un trabajo en una revista científica en función del lugar de procedencia del estudio, encontrándose como ese factor se convierte en un “criterio” que predispone la catalogación de la calidad del estudio. En resumidas cuentas, con cierta frecuencia surge a la palestra la pregunta de si “¿existe una especie de racismo científico?”, y, quizás lo más importante, “¿por qué?”.


Hace poco, en un artículo publicado en Plos One (1), un grupo de autores brasileños han intentado poner respuesta a la primera de estas preguntas. Para ello han comparado la repercusión científica (número de citas) de diferentes publicaciones escritas por autores afiliados a países en desarrollo (Chile, Brasil, Méjico y Argentina) frente a publicaciones de autores afiliados a países desarrollados científicamente hablando (Alemania, EEUU, Japón, Inglaterra y Francia) todas ellas publicadas en las mismas revistas, entre ellas los PNAS.


Desgraciadamente los resultados que encuentran son bastante claros, las publicaciones escritas por autores con afiliaciones a países desarrollados tienen un nivel de citación similar al de la propia revista, mientras que los artículos de esos países latinoamericanos tienen una repercusión científica considerablemente menor. Lo más curioso, es que la colaboración de autores afiliados a países latinoamericanos con investigadores afiliados a países científicamente desarrollados tenía un impacto significativo en la repercusión que tendrían estas publicaciones, mientras que en el caso contrario el efecto sería apenas notable.


Pero, ¿por qué ocurre esto? Desde luego podrían existir multitud de razones, algunas de ellas alejadas del propio racismo científico y otras más próximas a él. Lo que desde luego está claro, es que los científicos no deberían más que evaluar la calidad del trabajo a la hora de decidir si deben o no citar una publicación. Entonces, ¿entre las causas de ese sesgo podrían estar que la calidad de estas publicaciones era considerablemente diferente ? (¿menor para los latinoamericanos?) Aunque esto no puede descartarse totalmente a la vista de este estudio, lo que parece claro, es que el que todos estos artículos comparados al estar publicados en las mismas revistas (algunas de reconocido prestigio en multitud de áreas) hace que nos inclinemos hacia el no. ¿Entonces qué ocurre? ¿Acaso son problemas ligüisticos? Pero quizás, lo más importante, ¿qué repercusiones puede tener esto? Pues a sabiendas de estos resultados, las empresas que se encargan de mantener las publicaciones podrían crear corrientes a favor de publicar artículos procedentes de uno u otro lugar con el fin de incrementar su número de citas. Desde luego, un peligroso panorama. En resumen, este estudio es sólo un pequeño granito de arena, pero desde luego, no parece el mejor de los resultados que uno se querría encontrar.


(1) Meneghini R, Packer AL, Nassi-Calo` L (2008) Articles by Latin American Authors in Prestigious Journals Have Fewer Citations. PLoS ONE 3(11): e3804.

doi:10.1371/journal.pone.0003804

04 noviembre 2008

Biodiversidad marina de la Macaronesia - Curso libre.

Son muchos los eventos que durante los próximos días se celebrarán en diferentes ciudades de España, enmarcados dentro de la “semana de la ciencia”. Uno de ellos, de los cuales hemos tenido información, es el ciclo “Biodiversidad marina de la Macaronesia” que se impartirá en La Laguna, Tenerife, donde se podrán escuchar conferencias como "Los peces litorales de la Macaronesia: biogeografía y evolución", “Biología y evaluación de pandálidos en los Archipiélagos Macaronésicos”, "Ecología y conservación de cetáceos en un enclave de alta biodiversidad: Islas Canarias", "Divulgar la biodiversidad, compromiso social. Un modelo, la costa de La laguna” y "El océano invisible: del pelagos ignorado al ignoto”. Estas conferencias se impartirán los días 11-14 y 18 de este mes, respectivamente. Los conferenciantes, en general son investigadores vinculados a la Universidad de La Laguna. Más información en la imagen adjunta.


Nota, aquellos necesitados de algún crédito de libre configuración pueden verse doblemente beneficiados con estas conferencias.


30 octubre 2008

Casi dos décadas de captura de ballenas para monitorizar su condición

Un problema que nos encontramos con frecuencia en los estudios en biología es la necesidad de utilizar animales vivos para experimentar. En ciertos casos, la manipulación no acarrea severos costes para el animal, aunque en otros se hace necesario el sacrificio de cierto número de individuos. Con el fin de minimizar el número de animales sacrificados, existen ciertos mecanismos reguladores (organismos, científicos evaluadores, comités éticos…) que limitan el tamaño muestral disponible para esos estudios. En esta misma línea, cada día un mayor número de revistas incorporar entre sus requisitos, la aceptación de ciertos criterios de “bienestar” animal, con los que se pretende asegurar que los estudios allí publicados cumplan unas reglas básicas de respeto por la naturaleza. Situados en este marco, nuestra atención se centra en una nueva publicación. Con ella, parece que las alarmas científicas se han activado poniendo la moral de sus autores en tela de juicio y por extensión el comité editorial de la revista donde se publicó.

Para ponernos en escena, unos investigadores japoneses han utilizado datos recolectados de ballenas capturadas durante varios años en el ámbito del Programa Japonés para la Investigación con Ballenas en la Antártida (JARPA). Algo que, a priori, no parece que pudiera ser tan relevante como para alertar a la gente, ¿verdad?. Posiblemente, sea verdad, al menos, hasta que uno se da cuenta de que el total de las capturas ascienden a más de 4.000 ejemplares en una serie de 18 años (entre 1988-2005). (notesé que, como citan los autores “JARPA was started in 1987/88 under a special permit issued by the Government of Japan, based on Article VIII of the International Convention for the Regulation of Whaling”).

Aunque no he podido mirar con detalle el artículo, los principales resultados parecen señalar una tendencia en el cambio (pérdida) de grasa corporal (y peso) en la población de ballenas en los últimos años. Algo que responde al “main objective of the present study” que era “examine trends in body condition of the Antarctic minke whale during a recent 18-year period.” Estos resultados se han presentado en el número de Noviembre de la revista Polar Biology. Esta publicación “publishes Original Papers, Reviews, and Short Notes and is the focal point for biologists working in polar regions. It is also of interest to scientists working in biology in general, ecology and physiology, as well as in oceanography and climatology related to polar life.”

En este sentido, con independencia del valor y la relevancia de los resultados (lo cual, en gran medida lo desconozco porque no dispongo de los conocimientos oportunos), uno se queda con un sabor de boca un tanto malo. Lo primero, porque una revista científica acepte la publicación de unos datos obtenidos bajo un amparo, por lo menos, sospechoso (cualquiera conoce la problemática sobre la captura de ballenas y los amparos bajo los que se sustentan los balleneros). Y lo segundo, porque ante una tarea “científica” de tal calibre (en cuanto a tamaño muestral y años de trabajo que suponen la muerte de miles de ballenas) se han obtenido unas conclusiones de relativa relevancia (nótese que la revista en que se han publicado ocupa el puesto 52 de 116 dentro del área de Ecología -según su índice de impacto-). Entonces, uno, cuanto menos se pregunta, ¿es lógico la permisividad para cazar ballenas bajo el amparo de estudios de este tipo? ¿no tienen los organismos gubernamentales la sensación de que estas publicaciones son, simplemente, una excusa?

Como decía anteriormente, la política de ciertas revistas actuales es velar por el bienestar animal, evitando publicar datos obtenidos con métodos de dudosa ética (por no hablar de legalidad). Así, por ejemplo, revistas como Animal Behaviour en la guía de los requerimientos éticos que solicita a los autores, pregunta por detalles como el número de individuos muestreados, ¿qué se hizo con ellos?, ¿cómo se muestrearon?,… Los valores morales de cada uno son muy particulares, pero creo que muchos sentirían, cuanto menos una quemazón moral, si fuesen autores de un trabajo como el publicado en Polar Biology y tuviesen que contestar a estas preguntas. Además, es cuanto menos cuestionable, que estas publicaciones sean el amparo legal de la captura de ballenas desarrolladas por estos países. Que cada cual juzgue según sus principios, a mi personalmente me parece fatal (una vergüenza, vaya).

Ref.- Kenji Konishi, Tsutomu Tamura, Ryoko Zenitani, Takeharu Bando, Hidehiro Kato, Lars Walløe. 2008. Decline in energy storage in the Antarctic minke whale ( Balaenoptera bonaerensis ) in the Southern Ocean. Polar Biology 31: 509-1520.

Imagen: Greenpeace vía ElPais.com

22 septiembre 2008

Fotciencia08

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Quizás sea verdad y que esto también se pueda aplicar a la divulgación científica. Al respecto, nos informan de la apertura del plazo de convocatoria del Certamen Nacional de Fotografía Científica (FOTCIENCIA08). Según se detalla, el propósito de esta convocatoria es aproximar la ciencia a la sociedad mediante la difusión de imágenes científicas y un comentario de aquello que ilustra. El plazo de esta convocatoria finaliza el próximo 30 de Octubre. Para más información podéis acceder aquí.

18 septiembre 2008

Cuanto más largo un artículo científico, más citas recibe (o, veo que lo tienes más largo que el mío).

Pues si, un artículo medio humorístico escrito por Krzysztof Z. Stanek, de Ohio, muestra que cuanto más extenso es un artículo más probabilidades tiene de ser citado. Pero el estudio tiene su truco. Ha sido realizado con una muestra de 30027 artículos de varias revistas de astronomía. Los resultados son claros. Mientras que los artículos de 2-3 páginas tenían una media de 6 citas, los que tenían en torno a 50 páginas habían sido citados una media de 50 veces. Pero, sin embargo, en aquellos que superaban las 80 páginas el número de citas volvía a caer. Es como si hubiese una relación en forma de U invertida donde el óptimo de número de páginas viene a estar en torno a las 50.
La primera explicación que se nos puede ocurrir es que un artículo con más páginas tendrá más contenido y, como resultado de ello, será más citado. Es bastante probable que esta sea la causa principal de estos resultados, aunque sería de esperar que cuanto más largo el artículo tanto mayor en número de citas, y no parece ser así, ya que los artículos de más de 80 páginas no tienen tantas citas como los de 50.
Hay ciertos condicionantes, estudiados por este y otros autores, de tipo psicológico que pueden afectar a las citas que tiene un artículo. Por ejemplo, un estudio de la propagación de errores en las citas encontró algo que todos los que nos dedicamos a esto sabemos de sobra y es que muchas veces las citas erróneas se perpetúan porque los autores simplemente las copian de otro artículo sin haber leído el original. Otros autores han estudiado cómo puede afectar la forma en la que se cuelgan artículos en las revistas on-line. Se hizo un estudio para la página http://arxiv.org/ donde se mostraba que aquellos artículos que figuraban en los primeros lugares de las listas recibían un mayor número de citas, del mismo modo que aquellos que se mantenían durante más tiempo en la portada. El autor propone en broma que si algún astrónomo quiere ser muy citado no tiene más que enviar un artículo más o menos largo a una página del tipo arxiv.org en torno a las 16:00h del miércoles, que es cuando más visitas recibe a lo largo de la semana.
Estos datos ponen en entredicho el famoso factor h que mide el impacto de los artículos, que depende en su mayor parte del número de citas que recibe un artículo. Por supuesto, téngase en cuenta que el estudio se ha llevado a cabo sólo con revistas de astronomía. Hay dos claras excepciones a esta supuesta relación, que son las revistas Nature y Science donde los artículos son muy breves y, sin embargo, suelen ser de gran interés y muy citados . También hay una excepción en una de las revistas estudiadas, donde los artículos en forma de Letters, de unas 4 páginas eran los más citados. Sin embargo, aparte de estas excepciones, ¿siguen el mismo patrón en el número de citas revistas de otras especialidades como ecología o bioquímica? El que tenga tiempo libre, ahí tiene un reto.

02 septiembre 2008

El espíritu aventurero perdura en los biólogos del siglo XXI.

La imagen del científico actual dista mucho de los estereotipos que la sociedad tiene de ellos. Ese estereotipo del científico se basa en la imagen que se ofrece de ellos en medios tan populares y mediáticos como el cine o la televisión. Al respecto, me vienen a la cabeza personajes como Flippy de El hormiguero o el doctor Emmet Brown de la saga de películas El regreso al futuro que ofrecen una imagen que muchas personas asocian con la de los científicos de hoy en día. Bata, gafas y un carácter extraño alejado de la diversión y la aventura son características esenciales de la mayoría de ellos. Y su lugar de trabajo, el laboratorio, como no podía ser de otro modo. Pero, ¿son siempre así? Obviamente, no.



Y es que las aventuras que desarrollaban los científicos de siglos pretéritos no pertenecen exclusivamente al pasado. El espíritu de esas expediciones tan importantes de científicos de renombre que permitieron conocer la fauna, flora o la geología de territorios desconocidos sigue vivo en el interior de los científicos actuales. Prueba de ello son las expediciones a lugares tan poco accesibles como la Antártida o la selva. Lógicamente las diferencias entre hoy y ayer son innumerables, la disponibilidad de medios con los que cuentan los científicos actuales distan

mucho de los disponibles por sus colegas del pasado, pero no siempre la última tecnología sirve para hacer frente a las inclemencias naturales. Grandes lluvias, dificultades meteorológicas, animales peligrosos, mala accesibilidad

son problemas intemporales. Un ejemplo de ello puede encontrarse aquí (ver página 11), donde el doctor de la Riva nos describe las vivencias que él y su equipo sufren en las últimas expediciones a los Andes centrales, en busca de nuevas especies por descubrir. De esas aventuras seguramente también hablará en la conferencia que se anuncia en la imagen.



Lógicamente, el mar de posibilidades que se abre en las expediciones a territorios “vírgenes” es inmenso. Hoy en día, es difícil ser testigo partícipe de la descripción de especies nuevas (al menos de organismos superiores), de nuevas interacciones entre organismos o de la descripción de nuevos comportamientos. Aún así ese es el sueño vivo de muchos biólogos de hoy. El descubrir y describir conceptos tan básicos como la historia natural de un organismo suponen todavía hoy un reto para el mundo científico, un nuevo camino para revivir las experiencias de aquellos científicos y expedicionarios del pasado. Aunque parezca mentira, aún hoy se desconoce mucho de las especies del mundo, de muchas de ellas se desconoce hasta su existencia y de otras muchas, solamente se tiene constancia de que existen en cierto lugar. Conocer su distribución, su biología básica (reproducción, fisiología,…) o su relación con otros organismos son piezas de un puzzle todavía por construir. Quizás, a pesar de todo, ser científico no sea tan aburrido.

28 agosto 2008

Diseño de experimentos: ¿Cuántos individuos necesitamos?

La pregunta del título puede parecer irrelevante para aquel que no se dedica a la investigación pero sin embargo puede ser de gran ayuda para evaluar las conclusiones de una investigación o incluso de aseveraciones que se hacen en la vida diaria. Ahí va algún ejemplo: ¿Tomarías una pastilla que ha sido probada (aunque ha mostrado eficacia) en tan sólo una persona?¿Probarías una pastilla que ha sido eficaz en un 25% de 1500 personas?¿Confiarías en alguien que dice poder curarte pero sin aportar datos sobre el número de pacientes tratados y la eficacia del tratamiento? Estas preguntas no son fáciles de responder porque en función de la técnica que usemos, de los individuos experimentales con los que estemos trabajando y del coste que ello suponga el número de individuos será variable en una investigación.
Empecemos por ejemplo, con la antropología o la paleontología y el estudio de huesos. En este caso nos encontramos con un problema de escasez de muestras. A veces los resultados que se presentan en este campo proceden de tan sólo un ejemplar. Algunas de las descripciones de las distintas especies de dinosaurios que se han hecho, se han realizado a partir de un solo ejemplar y en la mayoría de los casos ni siquiera se tiene el esqueleto completo. Pero, ¿sería razonable pedir a los antropólogos que dispusieran de más esqueletos antes de dar por válidos sus datos? En condiciones ideales se les deberían pedir más individuos, pero la realidad es que eso no depende de ellos (o, al menos, sólo hasta cierto punto). Y además a veces no es necesario disponer de un esqueleto completo. Teniendo una sola de las mitades podríamos deducir más o menos fácilmente cómo es el otro.
Otra área en las que a veces sólo se dispone de un número limitado de individuos es la medicina en el caso de las llamadas enfermedades raras (aquellas que se dan en un porcentaje muy bajo de la población) o en el caso de tratamiento de estas enfermedades. ¿Debemos confiar en trabajos basados en un solo individuo? Seguramente no, pero a falta de más datos, es lo que hay. Para solventar este problema se emplearon los metaanálisis, que, como su nombre indica, son análisis estadísticos que incluyen varios trabajos que tratan el mismo tema, reuniendo todos esos datos como si hubiesen formado parte de un solo diseño experimental. Estos análisis pueden darnos una mejor idea de conjunto del tratamiento evaluado.

En la investigación biológica el número de individuos de los que se compone una muestra es también variable.
A veces depende de la especie animal que empleemos: por ejemplo, los trabajos con monos, sobre todo si requieren cirugía, no pasan de los 4 ó 5 individuos. Cuando el individuo experimental es una rata el número ya puede llegar hasta las 9 ó 10 por grupo experimental y si hablamos de moscas en estudios de genética los números se pueden disparar hasta las varias decenas o los centenares por grupo experimental. Y, por supuesto, en los casos donde no se trabaja con animales o éstos son microscópicos (ej: contaje de neuronas, bacterias o edafofauna) el número de individuos puede alcanzar los millares.
En otras ocasiones el número depende de lo controlables que sean las variables con las que trabajamos. En el laboratorio habitualmente se requieren muchos menos individuos que cuando se trabaja en el campo, ya que los animales en el laboratorio tienen condiciones mucho más parecidas entre sí que los que se encuentran en el campo, incluso aunque permanezcan a la misma especie o sean consanguíneos.
El coste del equipamiento o incluso el de los animales empleados también puede condicionar el número de individuos de la muestra. Pensemos, por ejemplo, en el nuevo acelerador de partículas de Suiza y en lo costosos que pueden ser los experimentos que allí se van a realizar.
Pero generalmente el número de individuos a emplear suele venir dado por el análisis estadístico que se vaya a emplear para analizar los datos, algo que debe seleccionarse a priori, aunque hay quien no respeta esta condición y emplea a posteriori el análisis estadístico que más le conviene. Por suerte no suele ser esa la práctica habitual.
Y, por último existen áreas donde los experimentos pueden repetirse más o menos de forma ilimitada, como es el caso de los modelos computacionales.

Por tanto, el número de individuos empleado puede ser muy importante para analizar los resultados y las conclusiones que se extraen de los trabajos científicos (en ocasiones algunos científicos extraen conclusiones muy importantes de muy pocos datos), así como de las aseveraciones de los gurús de las medicinas alternativas que aseguran curar enfermedades incurables con tan sólo el poder de sus manos o unas hierbitas mágicas aportando sólo el dato de las personas curadas (que suele ser testimonial).

27 agosto 2008

Empujón en la labor científica de países pobres

La distribución de los recursos no es homogénea. Esta obviedad, de la que cualquiera es consciente, se pone de manifiesto en todos los ámbitos. Los países más pobres son los que sufren con mayor frecuencia el impacto de severas enfermedades, que a su vez dificultan en gran medida su propio desarrollo incrementando las pérdidas personales y materiales.

Un caso ejemplar es el de la malaria en África. Estos países son los principales afectados por la enfermedad, pero el estudio in situ por parte de ellos mismos es tremendamente dificultoso por la falta de recursos. Al respecto, hoy en la prensa aparece un artículo referido a la ONG Adéquation Germany, una organización que intenta remediar en la medida de lo posible la falta de recursos para la investigación biomédica en países pobres. El sistema consiste básicamente en la reutilización de material de investigación anticuado. Lo que aquí puede ser obsoleto, puede ser de gran utilidad en otros países.

En los últimos años, estamos siendo testigos de importantes cambios sociales que centran su atención en el desarrollo de la investigación sobre enfermedades que afectan principalmente a países pobres. El sida o la malaria son grandes ejemplos de ello. La labor de estas organizaciones está siendo reconocida por todos, recibiendo premios como el Príncipe de Asturias. Recientemente, diferentes centros ubicados en Tanzania, Mali, Mozambique y Ghana han sido galardonados con este premio por su lucha para romper la relación entre la enfermedad de la malaria y la pobreza. Con anterioridad, la Fundación Bill y Melinda Gates también recibió este premio por su objetivo en alcanzar la igualdad en el acceso a la salud y la educación en todo el mundo (no sin polémica)

Además de la falta de material que afecta a estos países, otro gran problema es la falta de personal debidamente formado. La fuga de cerebros debe afectar significativamente a estos países. Por ello, la labor que desarrollan estos centros citados en la formación de personal local para la investigación biomédica debe ser especialmente meritorio. Conjuntamente con ello, la donación de material desde centros de países desarrollados, puede suponer un impulso más hacia el desarrollo científico en estos países más pobres. El acceso a las publicaciones científicas (y el papel del libre acceso) y de los programas informáticos de libre distribución debe ir de la mano de estos proyectos.

21 agosto 2008

Publicidad de la publicación.

La publicidad llegó a la ciencia. Es indudable que el facilitar el acceso a los artículos puede potenciar un incremento en la repercusión (citas) de los mismos. Por ello, es frecuente encontrarte cada vez más alertas de revistas científicas en las que se incluyen unos pocos artículos, tres o cuatro, publicados durante esa semana en su página web. De este modo, este modelo permite hace que sólo tengas que fijarte en unos pocos artículos y no te pierdas ninguno como podría pasar en el modelo tradicional, en el que te informan de todos los artículos que son publicados de un número de la revista.

Además de ello, en los últimos tiempos se da a los autores la oportunidad de publicar sus manuscritos en versión abierta, esto es, accesibles a cualquier persona. El modelo es diferente al de una revista de libre acceso, pero “básicamente” permite lo mismo, que cualquier persona con acceso a Internet pueda leer tu artículo. Para ello los autores tienen que pagar una considerable cantidad de dinero. Aún así, si tienes esa posibilidad, ¿Por qué no dar libre acceso a tu artículo, posiblemente incrementando su difusión?

Pero la cuestión es otra, hoy en el correo tenía un correo de la revista Malaria Journal, una revista de libre acceso de temática fácilmente reconocible por su nombre. Es frecuente que estas revistas, en busca de potenciales autores, manden correos indiscriminadamente (básicamente spam) dándose a conocer y señalando sus virtudes frente a otras revistas. Pero este correo era diferente, lean:

Dear xxxxxxxx,

I am writing to let you know about an article that has recently been published in Malaria Journal, an open access journal. The journal has just received its new Impact Factor of 2.47 and remains 1st in the field of Tropical Medicine in the Journal Citation Report.

Given your area of research, I thought that you might find this article on the analysis of the cost of co-blistering mefloquine and artesunate of interest and hope that next time you are preparing a manuscript you might consider submitting it to the journal.

In this paper, the authors analyse the cost of co-blistering mefloquine and artesunate to improve access to artemisinin-containing combination with mobile team and village health workers. The authors conclude that in addition to the costs of the drugs themselves, substantial investment may be needed to ensure that they affordably reach those most in need of them.

Como podrán entender el contenido de este artículo, aunque pudiera ser interesante, no es lo que más me apasiona a mi, digamos que no leo mucho sobre este tema. Pero el tema central es otro. ¿Existe un nuevo mecanismo de publicidad en las publicaciones científicas? Desde luego, de ser así, no es para nada una mala estrategia de publicidad. Utilizan listas de correo (que vete a saber como las consiguen) para publicitar un artículo que quizás te pudiera interesar y servírtelo en bandeja es un medio fantástico con el que el autor puede incrementar la repercusión de su publicación y la revista puede incrementar el número de citas que recibe (y por ende el impacto de su revista, “indicador de calidad”). Pero… ¿esto conduce a un sinónimo entre ciencia y marketing? Lo queramos o no, las publicaciones están regidas en muchos casos por editoriales que no son más que empresas, si este es un nuevo servicio que pueden ofrecer a autores con dinero, ¿por qué no hacerlo? De todos modos, la labor de los científicos es bucear en las publicaciones existentes, aunque eso repercuta en un mayor trabajo, no dejándonos influir exclusivamente (aunque sí ayudar) por estos “servicios comerciales”.

Nota, aunque no sirva para mitigar el dolor de los afectados y sus allegados, desde aquí queremos hacer llegar nuestras condolencias a todos aquellos afectados por la tragedia aérea acaecida recientemente en Madrid.

18 agosto 2008

Otros toques de atención en la metodología científica

Mirando el contenido del último número de TREE he visto que continúa la polémica sobre el efecto de la revisión mediante doble ciego y el sesgo entre aceptación y rechazo de artículos con una mujer como primera autora (ver al respecto). En este caso, la discusión la protagoniza el editor de una de las revistas incluidas en aquel estudio (que no salía muy bien parada) seguida de la lógica réplica de los autores firmantes del primer trabajo. Desde luego recomiendo su lectura. Un intento por limpiar el nombre de la revista (Journal of Biogeography mediante su editor R. J. Whittaker) y una curiosa respuesta de los autores. Aunque ahora no quiero profundizar en este tema (quería tratar otros aspectos diferentes), me gustaría dar una pincelada de lo que se cuece en estos artículos. Según se detalla, Budden y colaboradores (autores del polémico estudio) parecen que tienen apunto de sacar del horno otro trabajo sobre el tema incluyendo datos editoriales (no accesibles para los autores en el primer estudio) proporcionados por una de las más importantes editoriales de publicaciones científicas (Blackwell Publishers). Curiosamente, Journal of Biogeography es una de las revistas distribuidas por este grupo editorial, pero parece que el comité editorial de la revista (personado en la figura de su editor jefe, el mismo R. J. Whittaker) ha declinado la participación en ese estudio argumentando confidencialidad de los datos requeridos por Budden y colaboradores. En relación con todo este tema también recomendamos un artículo de Tregenza publicado en TREE hace unos años (ver más abajo).

Pero aunque quería comentar esto no pretendía que fuese el tema central de esta entrada y es que buceando en estos artículos he llegado a otros que me parecen interesantes para ser citados aquí. Su tema central, otros problemas de los que puede adolecer la ciencia, la nacionalidad del autor. Ann M. Link testó la posibilidad de que los artículos enviados a Gastroenterology difirieran en la tasa de aceptación o rechazo en función de que fuesen firmados por autores de USA o de fuera de USA y que fuesen revisados por autores de este u otros países. Así, los artículos escritos por autores de USA tuvo una mayor frecuencia de aceptación cuando los revisores eran compatriotas suyos que cuando no lo eran. Además, aunque los revisores extranjeros (de fuera de USA) tendieron a evaluar de manera más favorable los manuscritos procedentes de USA (con una significación de 0,09), esta asociación aumentaba considerablemente (p=0,01) cuando autores y revisores compartían nacionalidad (ambos de USA). ¿A qué se debe? ¿Acaso nos creemos más los resultados según de donde vengan? ¿Hay un favoritismo por aceptar los artículos de conocidos o paisanos? En este estudio también se observa que cuando el manuscrito provenía de autores de fuera de USA, el porcentaje de aceptación y rechazo no difería entre revisores de USA o de fuera de ese país. Entonces ¿es mejor la ciencia de USA que la del resto de los países? ¿La revisión es más eficaz cuando la hacen gente menos relacionada? La verdad es que da que pensar. Por su parte, en otro estudio se encontró un alto efecto del país de afiliación sobre la aceptación del manuscrito. Estas diferencias fueron patentes incluso cuando se limitaron los análisis a países ricos diferenciándolos en función de que los trabajos provinieran de países con el inglés como lengua oficial (Australia, Canada, Nueva Zelanda, Reino Unido y USA) frente países con otro idioma oficial (Países de la UE, Israel, Japón, Noruega y Suiza). Aunque estos estudios tienen muchos puntos flacos como limitar el estudio a una nacionalidad frente al resto (primer caso) o identificar como nacionalidad el lugar de correspondencia del autor, parece indicar que sería aconsejable que las revisiones se realicen sin sesgos de nacionalidad. Es difícil saber si realmente en USA (u otros países) se hace siempre mejor ciencia que en otros países o si son factores sociales o relativos al lenguaje los que determinan estos sesgos, pero en cualquier caso sirve para que sigamos atentos a ello. Quizás el modelo del doble ciego nuevamente se posiciona como una alternativa útil para evitar estas dolencias.

Pero una vez pasada la barrera de aceptación o rechazo del artículo, ¿qué pasa cuando el artículo ya está publicado? ¿Acaso permanecen esos sesgos que adolecen la revisión a la hora de citar los artículos? Esas preguntas se las hicieron ya en su día Roosa Leimu y Julia Koricheva para trabajos en el área de ecología. Sus resultados arrojaron una nueva evidencia, existe un sesgo en las tasas de cita en relación a que el primer autor sea o no de un país de habla inglesa, siendo favorecidos aquellos estudios de autores anglosajones. ¿A qué se debe? Lógicamente nos encontramos con un nuevo punto de difícil explicación, en el que deben estar influyendo multitud de factores. Lo que parece lógico es que para aquellos autores provenientes de países de habla no inglesa, la redacción de manuscritos en ese idioma supone un cierto sobreesfuerzo, a pesar del cual, posiblemente de manera general, no se alcance un nivel óptimo de redacción. Esto tiene que dificultar la lectura por parte de aquellos autores de habla inglesa y puede suponer un cierto “rechazo” a leer estos artículos y a la postre a citarlos. En cualquier caso nos encontramos ante graves dificultades a la hora de realizar estos estudios sobre la pureza de la ciencia debida a múltiples factores, desde aquellos más básicos como la accesibilidad a los datos para realizarlos a aquellos debidos al sesgo natural en la distribución de los científicos. Por ello, sería aconsejable hacer multitud de estudios sobre el tema que despierten en lo científicos un afán por recordar la “limpieza” de la ciencia y alertar sobre posibles defectos del sistema.

Para terminar daremos una nota de color en este desconcierto apático. En estos estudios también encontramos resultados halagüeños y esperanzadores en cuanto a la “pureza de los científicos”. Así, en el estudio de Leimu y Koricheva vemos que no parece que los científicos muestren un comportamiento machista a la hora de citar los trabajos de otros científicos, no encontrándose sesgos significativos en el número de citas por razón de sexo del autor. No todo van a ser malas noticias, ¿no?

Citas:
Ann M. Link. 1998. US and non-US submissions an analysis of reviewer bias. JAMA 280: 246-247.
Budden et al. 2008. Response to Whittaker: challenges in testing for gender bias. Trends in Ecology & Evolution 23: 480-481.

Leimu, R. y Koricheva, J. 2005. What determines the citation frequency of ecological papers? Trends in Ecology & Evolution 20: 28-32.
Tregenza, T. 2002.Gender bias in the refereeing process? Trends in Ecology & Evolution 17: 349-350.

Whittaker, R. J. 2008. Journal review and gender equality: a critical comment on Budden et al. Trends in Ecology & Evolution 23: 478-479.


09 agosto 2008

Literatos científicos.

Seguimos sin abandonar este verano (la época se presta a ello) las relaciones entre arte y ciencia. Han sido bastantes los escritores que de un modo u otro han estado relacionados con el mundo de la ciencia. Seguramente uno de los casos más conocidos sea el de Vladimir Nabokov (autor, entre otras obras, de Lolita, Pnin o Pálido fuego), que fue un gran aficionado a la entomología y de hecho trabajó cierto tiempo en el museo de zoología de la Universidad de Harvard. Por desgracia, estos estudios no le aportaron pruebas suficientes como para aceptar la teoría evolutiva (como si por entonces no hubiese ya pruebas suficientes para hacerlo). Pero Nabokov también ha sido objeto de diversos estudios, ya que se sabe que era sinestésico, de modo que ciertas palabras evocaban en él ciertos colores. Por lo visto su mujer también tenía esta misma capacidad.
Otro ejemplo de ilustre escritor involucrado en investigaciones científicas es el de Goethe (Fausto, Las cuitas del joven Werther) que estudió óptica (de hecho concibió una teoría con algunos puntos interesantes, aunque errada), química, geología e incluso osteología (descubrió el hueso intermaxilar, pero se le adelantaron por muy poco tiempo).
También ha habido un gran número de médicos que se han dedicado a escribir novelas. Uno de los casos más conocidos es el de Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes y autor, entre otros, de El mundo perdido. Lamentablemente, a pesar de las excelentes dotes deductivas y del escepticismo de su personaje más conocido, Conan Doyle era muy crédulo con respecto a los temas esotéricos y es famoso el engaño que sufrió con unas fotografías de supuestas hadas, que constituyen uno de los primeros casos de trucaje fotográfico que se conocen. Otros médicos que se han dedicado a la escritura han sido Louis Ferdinand Celine (Viaje al fin de la noche, Muerte a crédito), Mijail Bilgákov (El maestro y margarita, Morfina) o Antón Chejov (El tío Vania, La gaviota, La señora del perrito).
Entre los autores españoles, hay también algunos que se dedicaron a la medicina y al mismo tiempo cultivaron el arte de la novela. Entre ellos destaca Pío Baroja que en El árbol de la ciencia incluyó un capítulo que es de lectura imprescindible y que trata acerca de la ciencia y su metodología. Y no menos importante es el caso del psiquiatra Luis Martín Santos que en Tiempo de silencio incorpora gran cantidad de tecnicismos médicos (el protagonista es un estudiante que investiga el cáncer en ratones que son cuidados por una familia de gitanos), además de ser una obra de una calidad literaria muy alta.
Y también están los escritores inventores, como Robert Musil (El hombre sin atributos, Las tribulaciones del estudiante Törless) que era ingeniero y llegó a patentar un cromatógrafo y, además no comulgaba con las ideas de Freud, muy en boga en su época. Otro escritor dedicado a generar patentes es Alberto Vázquez Figueroa (Tuareg) que ha diseñado una desaladora por presión natural que ya le ha comprado una empresa israelí.

Todos ellos son buenos ejemplos de cómo ciencias y letras pueden imbricarse y cómo de esa relación pueden surgir buenas ideas. Otro día hablaremos de los escritores que han escrito sobre ciencia sin ser científicos y otro sobre aquellos que repudiaron a la ciencia.
Y vosotros, ¿conocéis algún otro caso de escritor científico?


06 agosto 2008

La mosca bajo los ojos del literato

El pasado domingo, circulaba por casa el dominical de El País, como de costumbre. Al abrir el correo, como de costumbre también en una mañana de domingo, me encontraba con un mail de la lista de correo de la SESBE en el que se recomendaba un artículo, de Sampedro, donde se defendía la teoría de la selección natural por selección natural frente al pensamiento arcaico e infundado creacionista. Aunque interesante, mi atención se centró en otro autor, uno que aprendí a admirar gracias a Brainy y esas eternas discusiones en los pasillos de la facultad. Ese columnista de los viernes, autor de innumerables obras literarias, tertuliano habitual de las tardes radiofónicas, J.J. Millás.


La labor de los blog científicos es intentar (al menos, con más o menos éxito) conectar a todos aquellos, más o menos conocedores de la ciencia, con esta rama del conocimiento. Ya no vale el argumento de ser de ciencias o de letras para desconocer totalmente lo típico del otro. La batalla entre ambas ramas del conocimiento debe pertenecer al pasado (ver, ver). En ese ámbito colocamos el artículo de Millás. El autor describe (con la maestría de un escritor) y desde su prisma, aunque asesorado por científicos, la vida de una pareja de moscas de la fruta. En biología, estos animales son un modelo fundamental de estudio y suponen el medio sobre el que se testan multitud de pruebas en favor de la evolución. Su reducido tamaño, que supone un abaratamiento en su mantenimiento en términos de espacio y comida, y su alta tasa de multiplicación las posicionan como unos organismos ejemplares para estos estudios. Pero la visión de Millás no sólo sirve para acercar a los profanos en la vida de las moscas a las características típicas de su ciclo vital o de su estudio, también nos da a los que estamos más familiarizados con su manipulación una visión distinta de estos organismos. Él también se pregunta, en cierto modo, por qué las moscas son animales de segunda (ver) y nos recuerda que esos animales tienen vida (y resulta fascinante), algo de lo que posiblemente nos olvidemos cuando nos acostumbramos a tratalos como meros instrumentos en los que comprobar nuestras hipótesis. Desde aquí una recomendación a su lectura.

01 agosto 2008

Nombrar una especie, ¿donde está el límite?

Los autores de este blog estamos un poco viajeros (por fortuna) y parece que en estos viajes tomamos contacto con cosillas meritorias para ser comentadas aquí. Ayer, durante el desplazamiento leía esta noticia. Básicamente se comenta que hay un centro de investigación vinculado a la Universidad de California (aunque se citan otros casos también) en la que se ofrece la venta del nombre de las especies que descubren "al mejor postor". La noticia salta a la prensa por la compra de tales derechos por parte de Nokia. ¿Es ético el nombrar a una especie con el nombre de una empresa o de un eslogan publicitario? Ético o no, la verdad es que según se comenta en el artículo, mientras que se cumplan ciertas normas básicas establecidas por la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica, esta práctica es por lo menos legal.


Por otro lado, recientemente leía la noticia que el Instituto Internacional para la Exploración de Especies hace un listado anual con las especies más singulares. Los criterios de selección engloban nombre, características, etc. y en el de este año (ver) se incluyen animales venenosos como una serpiente y una medusa, una planta semejante al hombre de Michelin (Tecticornia bibenda). En este último caso, si se hubiesen enterado los de Bridgestone, a lo mejor habrían hecho una importante oferta para robarle el homólogo natural a su más fiel competidora pagando por su nombre…


pd.- en los últimos días he comprobado que la visualización de los últimos post puede no ser correcta si se utiliza internet explorer como navegador. Debe ser debido a problemas de incompatibilidad al estar utilizando Firefox en su redacción. Como me recomendó mi primo, desde aquí rompo una lanza a favor de este navegador libre. Post optimizado para Firefox.

29 julio 2008

Ciego yo, ciego tú.

Los científicos, como personas que son, están supeditados y condicionados por sus propias convicciones y opiniones personales que en ocasiones enturbian el buen hacer de la ciencia.

El método tradicional de comunicación de resultados mediante la publicación de los mismos en revistas científicas está supeditado a varios condicionantes. Para evaluar la calidad del trabajo, valorando criterios como el diseño experimental, el análisis de los datos o la interpretación de los resultados, las revistas utilizan un sistema de revisión por pares. Esa evaluación la realizan varios investigadores (generalmente dos aunque de forma variable) más o menos conocedores del tema que trata el estudio. En ciertas ocasiones, en base al reducido “valor” que se le asigna al trabajo o debido a que el tema que trata el estudio no se encuentra dentro del ámbito de la revista, el editor, previamente, puede tomar la decisión de interrumpir este proceso antes de enviar el trabajo a ser revisado (ver).

Aunque el sistema de revisión por pares se presenta como un método por el que se depuran errores presentes en los trabajos mediante la calidad de los mismos, no deja de tener sus problemas. Generalmente los revisores son desconocidos para el autor que envía su trabajo mientras que, en general, el revisor suele conocer el firmante del artículo. Eso les otorga un cierto estatus de poder. Así, posibles enemistades personales u otros condicionantes pueden afectar a la decisión final de los revisores, aquellos que a la postre deben evaluar si el trabajo es apto o no para ser publicado en esa revista. Recientemente, ciertas revistas científicas han tomado la decisión de depurar este mecanismo de evaluación haciéndolo ciego en ambas direcciones, esto es, que ni los autores ni los revisores sepan quienes son los otros. Este mecanismo, conocido como doble ciego, parece disminuir sesgos producidos, por ejemplo, por el machismo (1, pero no sin la lógica polémica 2, 3), algo que a priori uno debería pensar que esta alejado del mundo científico. Posiblemente factores como la nacionalidad de los autores del trabajo también sean potencialmente influyentes a la hora de la evaluación de los resultados presentados.

Este mecanismo de doble ciego se basa en retirar del texto que se les envía a los revisores el nombre de los autores y secciones como los agradecimientos, en la que frecuentemente aparecen datos que fácilmente conducen a conocerlos. Pero si nos preguntamos si esto es completamente eficaz, la respuesta clara es que no. Por ejemplo, viendo la lista de referencias o las metodologías empleadas en los trabajos puede resultar relativamente fácil conocer quienes son los firmantes del estudio. Además, en trabajos realizados en el campo es altamente recomendable especificar el lugar donde se realizó ese estudio. Esto hace que aquellos investigadores que realizan seguimientos de poblaciones fijas o que trabajen en un tema muy particular en cierto país puedan ser fácilmente detectados por el revisor. Por tanto, aunque este filtro no es 100% eficaz sí permite, al menos, una reducción de la certeza del revisor sobre quien es el autor o autores del estudio. Además, al no conocer con exactitud quien de ese equipo es el primer autor del estudio, se pueden reducir posibles sesgos debidos, por ejemplo, al sexo del firmante (1),…

Es inevitable encontrarnos con casos como estos, dado que los científicos son parte de la sociedad y en la sociedad están presentes estos problemas. No obstante hay que ser conscientes de ellos y evitar, en la medida de lo posible, que la ciencia se resienta de las dolencias de los humanos.

1.- A.E. Budden et al., Double-blind review favours increased representation of female authors, Trends Ecol. Evol. 23 (2008), pp. 4–6.

2.- T.J. Webb et al., Does double-blind review benefit female authors?, Trends Ecol. Evol. 23 (2008), pp. 351–353.

3.- A.E. Budden et al., Response to Webb et al.: Double-blind review: accept with minor revisions, Trends Ecol. Evol. 23 (2008), pp. 353–354.

22 julio 2008

Los blogs científicos y otras cosillas

Que los blogs cada día tienen más que decir dentro del panorama científico es una realidad. Prueba de ello son sendos artículos publicados recientemente, uno en inglés y otro en castellano, tratando temas dispares dentro de una temática general. El primero, publicado en TREE (número de Agosto de 2008, sección forum) y el segundo en eVolución (número de Julio de 2008). Desde aquí recomendamos su lectura… En relación a ello, también recomendamos una lectura de otros artículos del último número de la citada eVolución, número que salió a la luz hoy mismo. Allí podréis encontrar un artículo muy interesante sobre algo que ya tratamos aquí y el libro que también anunciamos en su día.

08 julio 2008

Lamentable intromisión eclesiástica

Si ya estaba perdida en gran medida la batalla del valor científico de la palabra Ecología (ver), la intromisión desacertada de ciertas universidades y la iglesia no ayuda ni de lejos en devolverle el valor real que encierra su definición. Esto viene en relación al congreso de ecología que organiza la santa sede (y organizaciones, estamentos,... afines) en la Expo de Zaragoza. Para muchos de vosotros todo esto no será novedoso, pero me parece adecuado referirme aquí a dos artículos periodísticos sobre el tema surgidos recientemente, principalmente porque en ellos se observa que los Ecólogos, verdaderos estudiosos de la Ecología, no tienen nada que ver con esa falacia clerical. Por ello, recomiendo una lectura de esto y esto (algunos de los comentarios aportados merecen también ser leídos). Si la Expo da la imagen de España al mundo, desde luego tendremos una mala imagen en lo que se refiere a ciencia.