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21 febrero 2012

¿Sirve la memoria episódica para regresar al futuro?


El interés a la hora de estudiar la memoria se ha centrado generalmente en la capacidad de los individuos para recordar sucesos pasados, mientras que se ha obviado el papel de la memoria como herramienta para imaginar sucesos que no han tenido lugar y para simular eventos en el futuro. Esto es precisamente lo que ha estudiado desde hace unos cinco años Daniel Schacter, profesor de la Universidad de Harvard, que sugiere que la memoria episódica (aquella que nos permite recordar experiencias personales) tiene como función posibilitar que seamos capaces de imaginar eventos futuros para, con ello, adaptar nuestra conducta de un modo eficaz al futuro. 

La idea es que para simular un evento futuro lo que se hace es recombinar fragmentos de recuerdos, lo que ellos definen como hipótesis de la simulación episódica constructiva. Esta hipótesis propone que la simulación de episodios futuros requiere un sistema que pueda recombinar de forma flexible detalles de sucesos pasados. Esta idea explicaría además por qué la memoria es un proceso constructivo en el que se unen diferentes piezas de información, en lugar de ser como un disco duro mediante el que recordaríamos todo tal cual sucedió. Así, según Schacter, la función principal de la memoria sería mantener la información disponible para simular eventos futuros.

A favor de esta hipótesis se encuentra el hecho de áreas cerebrales reclutadas para recordar e imaginar eventos se solapen. Es interesante sin embargo que al simular el futuro la activación de esas áreas comunes es mayor que cuando se trata de recordar algo, lo que tiene sentido, ya que en el primer caso no sólo debe recordarse algo sino que además deben recombinarse fragmentos de esos recuerdos. Esta idea tiene además su reflejo en un trabajo en el que se mostró que estudiantes eran capaces de imaginar con mayor detalle eventos futuros relacionados con contextos familiares (su casa o la casa de un amigo) que cuando esos contextos les eran novedosos (la jungla o el Polo Norte). Esto mismo se cumplía cuando los sucesos a imaginar tenían que ver con contextos cercanos en el tiempo (lugares de la universidad) o más lejanos (lugares del colegio).

Entre las áreas cerebrales que podrían estar implicadas en esta simulación del futuro se encontrarían la corteza prefrontal, que se ha relacionado clásicamente con la capacidad para planear la conducta, y con el hipocampo, que no solo participa en la consolidación de la memoria, sino que jugaría también un papel importante en establecer relaciones entre elementos (Figura 1). Más concretamente, la región anterior del hipocampo es la que estaría implicada en el procesamiento de relaciones entre elementos (integrar detalles en el espacio y en el tiempo). Está región, además, se activa más cuando se trata de imaginar sucesos con pocas probabilidades de suceder, o cuando se imaginan sucesos específicos en lugar de genéricos. El resultado es que las simulaciones de gente con daños en hipocampo no solo son menos ricas en detalles sino que además no está bien integrados carecen de coherencia espacial. El hipocampo, por tanto, parece una región muy importante en esta capacidad para simular eventos futuros, si bien los resultados todavía son controvertidos. Inicialmente varios trabajos mostraron que personas con lesiones bilaterales en el hipocampo no solo tenían problemas para recordar eventos pasados, sino también para generar descripciones detalladas de eventos futuros imaginados.

En un estudio se separó la capacidad de los individuos para simular el futuro, bien a partir de recuerdos personales, bien a partir de fotografías que se les presentaban, de modo que se podía evaluar el peso de la memoria episódica sobre la generación de simulaciones del futuro (en elcaso de la fotografía la memoria episódica no tendría por qué ser importante para generar esas simulaciones). Lo que se observó fue que los individuos con daños en el hipocampo presentaban problemas en la variante en la que no se utilizaban las fotografías pero no en aquella en la que la memoria episódica no era necesaria para generar la simulación (la que empleaba las fotografías).

Figura 1. Áreas cerebrales implicadas en la simulación de eventos futuros.

Sin embargo, todavía hay que estudiar algunas cuestiones pendientes acerca de esta hipótesis. Por ejemplo, debe estudiarse si las simulaciones del futuro simplemente implican el recuerdo de fragmentos de experiencias previas o si hay un proceso de combinación de diferentes episodios. Por otro lado, es casi seguro que la memoria semántica (la fuente de conocimiento acerca de las características generales de los sucesos) también está implicada en la construcción de escenarios futuros.

Por tanto, la propuesta de Schacter es la de considerar al cerebro como un órgano fundamentalmente prospectivo que usa la información del pasado y del presente para generar predicciones acerca del futuro. La memoria sería entonces la herramienta usada por el cerebro prospectivo para generar simulaciones de eventos futuros posibles. La hipótesis es, cuanto menos, sugestiva. Y sus implicaciones a nivel adaptativo son innegables. Seguiremos de cerca los progresos de esta hipótesis.

Para saber más:
-Schachter D.L. et al., (2007), Rembembering the past to imagine the future: the prospective brain, Nat Neurosci Rev 8:657-61.
-Addis,D.R: y Schachter, D.L.,k (2012), The hippocampus and imagining the future: where do we stand?, Front Human Neurosci 5: 173.

Aunque no relacionado con este tema en concreto, Schachter escribió un libro de obligada lectura sobre la memoria: Los siete pecados de la memoria.

05 agosto 2011

Qué poco sabéis sobre la memoria.




Podéis tomaros como un ataque directo esta afirmación aquellas personas que no seáis expertos en psicología o ciencias afines. Como yo veo esto desde el otro lado del río, me permito el chuleo. Pero expliquemos el porqué de la frasecita.

Esta semana ha aparecido un artículo en la revista PLoS One que evalúa el conocimiento que “la gente de la calle” tiene sobre aspectos relacionados con la memoria. El interés de este trabajo no es sólo el de poner a prueba a la población no versada en psicología acerca de aspectos de la memoria que presentan un alto consenso entre la comunidad científica, sino que la implicación de los resultados de este trabajo es importante si pensamos, por ejemplo, en cómo los jurados emiten veredictos en los juicios.

Hay que decir que la población estudiada es de Estados Unidos, aunque no creo que los resultados hubiesen sido demasiado diferentes si la encuesta se hubiese realizado en cualquier país europeo. Los participantes tuvieron que valorar varias afirmaciones relacionadas con la memoria, diciendo si estaban muy a favor, a favor, en contra, muy en contra o NS/NC, entre las que se encontraban las siguientes. Intenta hacer el test tú:

1.La gente que padece de amnesia habitualmente no puede recordar su propio nombre o identidad.

2.El testimonio de un testigo de confianza debería ser evidencia suficiente como para condenar a un acusado.

3.La memoria humana funciona como una cámara de vídeo, recordando de forma precisa los sucesos que vemos y oímos de modo que después los podremos recuperar y revisar..

4.Una vez que se ha experimentado un suceso y se ha formado una memoria de él, esa memoria ya no cambia.

5.La hipnosis es útil para ayudar a testigos a recordar de forma precisa detalles de crímenes.

6.La gente generalmente se da cuenta de que algo inesperado aparece en su campo de visión, incluso cuando ellos están prestando atención a cualquier otra cosa.

Ninguna de estas afirmaciones es cierta, por distintos motivos, que no voy a comentar, porque esto se haría muy largo. El asunto es que el artículo muestra que en algunos casos, como en los enunciados 1, 3 o 6, el porcentaje de gente que cree que esas afirmaciones es muy alto (82.7%, 63% y 77.5%, respectivamente), lo que sugiere que hay una importante diferencia entre lo que saben los expertos sobre la memoria y las creencias que sobre ella tiene la gente de la calle.

Las causas para este “hueco” entre expertos y el común de los mortales pueden ser varias. Una de ellas, por ejemplo, puede ser el cine. Películas como la serie de Bourne y muchas otras, inducen a pensar que la amnesia da lugar a una pérdida de identidad. Sin embargo, con la amnesia lo más frecuente es observar un defecto a la hora de consolidar nuevas memorias, algo que sí se muestra bien en la película Memento. Por otro lado, es posible que la comunicación entre científicos y resto de la gente no sea todo lo fluida que debiera ser, y que fuese necesario un mayor esfuerzo por dar a conocer los descubrimientos de la ciencia, si bien estas afirmaciones de la encuesta se refieren a aspectos de la memoria que se conocen desde hace décadas. Otra posible fuente de confusión puede ser Internet y las famosas búsquedas en Google, donde no siempre es fácil distinguir entre las páginas que ofrecen una información fiable de aquellas que son mera charlatanería.

Por supuesto, el aspecto más interesante del artículo es el relacionado con la jurisprudencia. Es importante que las personas que sean potenciales jurados tengan claro que, por ejemplo, se ha demostrado que cuando a una persona se la apunta con un arma, recuerda mucho peor el rostro de esa persona porque tenderá a prestar su atención sobre el arma. O que el tratamiento psicológico que pretende traer a nuestra memoria recuerdos perdidos, es más probable que cree falsas memorias antes que nos permita recordar algo que ni siquiera quedó fijado en nuestra memoria. Por supuesto que esto no tiene por qué ser siempre así, pero los jueces, abogados y jurados no deberían ignorar estos aspectos, que pueden ser claves a la hora de determinar su alguien es culpable o no de un crimen.

Os recomiendo que leáis el artículo, especialmente aquellos que hayáis fallado alguna de las respuestas. Además lo podéis bajar gratis porque PLoS One es una revista de libre acceso. En él os explicarán de forma breve algunas de las razones por las que esos enunciados son falsos, o no se suelen cumplir siempre. El artículo muestra que cuanto más habían leído los individuos sobre psicología, mayor esa su grado de rechazo hacia estos enunciados, por lo que aplíquese el cuento el que lo crea oportuno.

Y si queréis ampliar esta información (y otra, acerca de otros mitos de la psicología), os recomiendo el excelente libro 50 mitos de la psicología popular: Las ideas falsas más comunes sobre la conducta humana, de la editorial, Biblioteca Buridán.

09 julio 2008

Estrés y memoria: amigos inseparables.


Todos conocemos a gente que dice: yo estudio mucho mejor el día de antes del examen, mientras que otros se declaran incapaces de hacerlo porque no pueden concentrarse para estudiar. ¿A qué se deben estas diferencias y cuáles son sus condicionantes?

En 1908 los psicólogos Yerkes y Dodson establecieron su famosa Ley de Yerkes-Dodson que establecía una relación entre los niveles de estrés de un individuo y su eficacia al realizar alguna tarea. La curva que relaciona estas dos variables tiene forma de U invertida (ver gráfica), de modo que bajos o altos niveles de estrés dan lugar a baja eficacia al realizar la tarea, mientras que hay ciertos niveles óptimos de estrés en los cuales se obtiene la mejor eficacia en la realización de la tarea. Pero no todo es tan fácil.


Se ha estudiado esta relación, sobre todo desde la psicología, y se ha visto que los niveles óptimos de estrés son específicos de cada tarea. Tareas muy difíciles o que demandan un esfuerzo intelectual (como estudiar para un examen) presentan su punto óptimo en niveles relativamente bajos de estrés (para no afectar a la atención), mientras que otras tareas que requieren resistencia o persistencia (por ejemplo, practicar un deporte) presentan ese punto óptimo en niveles más altos de estrés (ya que favorecen la motivación).

¿Se sabe algo sobre el cerebro que podría explicar, al menos en parte, esta relación? Pues algo se sabe. El estrés produce la activación de muchos sistemas diferentes en el cuerpo, así como la inhibición de otros. Los que nos van a interesar ahora son los que se activan, y sólo algunos de ellos. Una de las principales respuestas que produce el estrés es la activación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal que tiene como consecuencia final la liberación de una hormona, el cortisol, que es un glucocorticoide. El cortisol produce múltiples efectos, sobre todo movilizando energía de diversos tejidos para facilitar la respuesta del organismo a la situación de estrés (piénsese en la cebra intentando huir del león). Pero el cortisol también llega al cerebro y presenta ciertos efectos en él.
Se ha visto tanto en ratas como humanos que el cortisol (que es algo diferente en las ratas y se denomina corticosterona) el imprescindible para la consolidación de la memoria, de modo que si después de realizar una tarea como memorizar una lista de palabras se le administra al sujeto un antagonista de los receptores de glucocorticoides, el día siguiente no recordará con la misma eficacia la secuencia de palabras frente al sujeto al que no se le haya administrado el antagonista.
En ratas se ha probado este efecto, sobre todo en dos pruebas de memoria. El primero es el llamado test de Morris en el que la rata debe encontrar una plataforma sumergida en una piscina guiándose por referencias que tiene alrededor de ella. A la rata se la hace empezar desde distintos sitios de la piscina y se mide el tiempo que tarda en encontrar la plataforma, que se irá reduciendo a medida que pongamos más veces a la rata en la piscina. Sin embargo, si se administra un antagonista de los receptores de glucocorticoides después de cada sesión, la rata no aprende al mismo ritmo que las que no han recibido el antagonista. Este mismo efecto se obtiene también en otros aprendizajes como el llamado condicionamiento por miedo, en el que se hace coincidir un timbre con un ligero shock eléctrico y se mide el tiempo de inmovilidad de la rata (esta respuesta es un buen índice del miedo que siente el animal). En esta prueba el día siguiente se vuelve a poner a la rata en las mismas condiciones pero ya sólo se hace sonar el timbre (sin administrar el shock). Lo normal es esperar tiempos de inmovilidad altos, pero en ratas a las que se ha administrado el antagonista no muestran apenas señales de miedo.

Pero parece que los glucocorticoides no sólo son importantes para la consolidación de la memoria (y, por tanto, para la memoria a largo plazo), sino que también son importantes para la memoria de trabajo, que es un tipo de memoria que es útil tan sólo en unos segundos o minutos, como recordar un número de teléfono al que sólo se llamará una vez. También en este caso las estrellas son las ratas. Y aquí la dopamina tiene un papel fundamental. La dopamina presenta una relación con la memoria de trabajo similar a la del estrés con la eficacia en la realización de tareas, es decir, en forma de U invertida. Hay niveles óptimos a los cuales la dopamina da lugar a niveles óptimos de memoria de trabajo. Pero lo que se ha visto es que si se elimina la circulación de glucocorticoides de la sangre mediante la extirpación de las glándulas adrenales, esa relación entre dopamina y memoria de trabajo se rompe, aunque puede restaurarse suministrando al animal agonistas de los receptores de dopamina. Por lo tanto, lo que parece es que los glucocorticoides controlan de algún modo los niveles de dopamina en el cerebro (y más concretamente en este caso en la corteza prefrontal). La preguntas es ¿y cómo lo hacen? Es lo que no se sabe aún. El mecanismo clásico de actuación de los receptores de glucocorticoides es la activación de diversos genes, pero en los últimos años se ha descubierto que también podría haber receptores de glucocorticoides en la membrana que podrían dar lugar a efectos rápidos. Pero eso todavía está por demostrarse.

Y me dejo el factor que siempre fastidia todas las cosas en biología y hace que a veces sea muy difícil establecer leyes o correspondencias: la variación individual. Además de que cada tarea requiera unos niveles de activación distintos, cada persona, en función de sus genes y su experiencia, que habrán moldeado un cerebro único, necesitaría también de unos niveles específicos para realizar correctamente esas tareas. De cada uno de nosotros depende que encontremos cuáles son nuestros niveles óptimos para cada tarea.
Algún artículo recomendado:
Sandi, C. y Pinelo-Nava, M.T., (2007), Stress and memory: behavioral effects and neurobiological mechanisms, Neural Plast. 2007: 78970.
Mizoguchi, K, et al. (2004), Endogenous glucocorticoids are essential for maintaining prefrontal cortical cognitive function, J.Neurosci. 24 (24): 5492-9.

30 abril 2008

¿Qué nos enseña el Tetris sobre el cerebro?

El Tetris, juego creado por el ruso Alexey Pazhitnov en 1985 se hizo famoso en los años 90 y se llegaron a vender hasta 35 millones de copias del mismo. El juego era muy adictivo y a medida que creció el número de jugadores, se tuvo noticia de un curioso efecto secundario de la exposición continuada al juego: el “efecto Tetris”, que consistía en que los jugadores asiduos de Tetris cerraban los ojos y veían piezas caer o incluso soñaban con las piezas de colores cayendo una y otra vez, formando estructuras imposibles y rellenando filas una tras otra (¿no le suena a nadie?). Este mismo efecto se experimenta con otros videojuegos (Civilizations, buscaminas, solitario,...) y, en general, con actividades que resulten repetitivas y a las que se preste una atención intensa durante un tiempo prolongado (ocurre, por ejemplo a personas que recogen fruta o nos ha ocurrido a muchos cuando escuchamos demasiadas veces alguna canción).

Un grupo del Harvard Medical School se aprovechó de este efecto para estudiar la memoria en pacientes amnésicos. Hicieron jugar al Tetris durante tres días (2 horas el primero y una los dos días posteriores) a tres grupos de personas diferentes: personas que ya habían jugado, personas que nunca habían jugado y personas con lesión bilateral en lóbulo temporal (al tener ambos hipocampos lesionados no podían almacenar nuevos recuerdos). Cuando se observó la curva de aprendizaje de los distintos grupos (ver gráfica) se vio que los “expertos” apenas aumentaban sus puntuaciones, los novatos las mejoraban significativamente, mientras que los amnésicos no mejoraban apenas (algo lógico, ya que no recordaban haber realizado esa tarea el día anterior).
Sin embargo, cuando estudiaron el efecto Tetris encontraron algo curioso. La mayoría de los “novatos” y de los “expertos” decían ver las piezas caer justo al inicio del sueño (el protocolo consistía precisamente en despertarles apenas se habían dormido, algo que se puede controlar por el cambio en las ondas cerebrales). Pero también 5 de los 7 los amnésicos dijeron haber visto piezas de colores caer, lo que mostraba que eran capaces de recordarlas de algún modo, algo que se pensaba que no ocurriría ya que sus hipocampos estaban lesionados y se pensaba que la formación de ese tipo de imágenes era dependiente de la integridad del hipocampo. Así, experimentadores propusieron la existencia de una memoria implícita que sería la responsable de esas representaciones preceptivas.
Hacía ya algunos años, la doctora Brenda Milner había mostrado que su paciente H.M., que también había sufrido una lesión hipocampal era capaz de mejorar con los días en una prueba que consistía en repasar con un lápiz el contorno de una estrella mirando tan sólo a un espejo, incluso cuando el paciente no recordaba al día siguiente haber realizado dicha tarea. Sin embargo, los pacientes con lesión hipocampal de este trabajo no mejoraron significativamente jugando al Tetris. ¿Por qué? Porque esta tarea es más compleja que la simple tarea motora que implica dibujar el contorno de la estrella.

Precisamente, un grupo de la Universidad de California empleó el Tetris para demostrar cómo puede modificarse la activación de distintas áreas cerebrales a medida que aprendemos una tarea. Lo que hicieron fue poner a voluntarios a jugar durante 4-8 semanas al Tetris y midieron mediante PET (tomografía por emisión de positrones) la actividad de las diversas áreas del cerebro el primer día (cuando los participantes no sabían jugar) y el último (cuando ya habían alcanzado un buen nivel de juego). Lo que observaron es contraintuitivo pero tiene mucha lógica: la actividad del cerebro (medida como consumo de glucosa) fue mayor que cuando los participantes aprendían a jugar. Esta reducción de la actividad fue especialmente notable en áreas corticales motoras y sensoriales (especialmente áreas visuales), regiones del lóbulo temporal (el hipocampo entre ellas) y el lóbulo frontal, importantes en la atención y el cerebelo (importante en la coordinación).
La explicación es sencilla: durante los primeros intentos los sujetos trataban de emplear diferentes estrategias cognitivas para jugar, usando de este modo diferentes circuitos que involucraban a diferentes áreas cerebrales. Pero tras la práctica, los sujetos desarrollan un conjunto de estrategias para realizar la tarea empleando para ello un menor número de neuronas y de circuitos neuronales, con el resultado global de una menor actividad cerebral.
La Figura a) podría representar las neuronas (y áreas cerebrales) implicados al inicio y la Figura b), las neuronas (y áreas cerebrales) activadas tras el entrenamiento. Mayor número de neuronas no implica mayor inteligencia, tan sólo mayor capacidad de procesamiento de información, pero un elevado número de elementos de procesamiento puede implicar un mayor tiempo para realizar la tarea, además de un mayor gasto energético y ya sabemos que la naturaleza tiende a ahorrar.
Y por último, el trabajo aportó una evidencia más de que el cerebro es plástico, es decir, que cambia con el aprendizaje.

Stickgold, R. et al., (2000), Replaying the game: hypnagogic images in normals and amnesics, Science 290: 350-3.

Haier, R.J., et al., (1992), Regional glucose metabolic changes after learning a complex visuospatial/motor task: a positron emission tomographic study, BrainResearch 570: 134-43.

Si queréis recordar viejos tiempos o jugar por primera vez tenéis un Tetris on-line
aquí.

02 octubre 2007

La denostada sustancia blanca


El extendido símil sustancia gris-capacidad intelectual, tiene su base en que los cuerpos o axones de las neuronas poseen esta coloración frente al color más claro (proporcionado por la mielina) de las células gliales que, tradicionalmente han sido relegadas a un papel secundario en el sistema nervioso. Entre las funciones desempeñadas por la glía son bien conocidas las de carácter defensivo (microglía), estructural (oligodendrocitos) o de mantenimiento de un medio extracelular adecuado para la transmisión sináptica (recaptura de neurotransmisores de la sinapsis y suministro de precursores y energía a las neuronas; sería el caso de los astrocitos).
La tendencia clásica respecto al papel de los astrocitos en el sistema nervioso central estaría bien resumida por la idea de Sherwood de que las fronteras a la evolución de la inteligencia las fijarían única y exclusivamente los sistemas de suministro energético de nuestro cerebro, ya que en su trabajo observa un aumento de la ratio glía-neurona en los humanos respecto a otros grupos de primates que atribuye a un mayor requerimiento energético del cerebro de los primeros (Sherwood y cols., 2006). Sin embargo, trabajos actuales como el publicado en Science por Perea y Araque el mes de agosto, sacan a los astrocitos de su papel de servidumbre y los colocan en el meollo de la comunicación entre las neuronas y más aún, en los fenómenos de aprendizaje y memoria cerebrales, algo que ya se apuntaba en el trabajo de Szeligo y Leblond de 1977, donde aparecía un aumento de la glía en animales sometidos a enriquecimiento ambiental y, por tanto, expuestos a más estímulos que van a servir de sustrato para el aprendizaje.
De nuevo, el trabajo de Perea y Araque aporta una prueba funcional del imprescindible papel de los astrocitos en los procesos de LTP ( potenciación duradera de la transmisión sináptica, la base electrofisiológica de la memoria y el aprendizaje). La LTP se consigue cuando la señal (neurotransmisores) emitida por la neurona presináptica (a la que podríamos llamar neurona emisora) incide en la neurona postsináptica (neurona receptora de la señal) en un momento en el que esta ya estaba siendo estimulada por otra neurona (estaba recibiendo la señal que provenía de otra neurona emisora). Esta coincidencia en el tiempo de dos señales hace que la comunicación entre la neurona presináptica y la postsináptica sea más rápida y eficiente. Pues bien, este proceso de LTP requiere, además, la emisión simultánea de una señal proveniente del astrocito, ese astrocito al que sólo se le asignaba el papel de guardaespaldas de las neuronas.
Conclusión, si alguien duda de vuestra inteligencia aludiendo a vuestra poca sustancia gris, ya no os teneis por qué sentir tan ofendidos.

Gertrudis Perea y Alfonso Araque (2007) Astrocytes potentiate transmitter release at single hippocampal synapses. Science, 317, 1083-1086.

Chet C. Sherwood, Cheryl D. Stimpson, Mary Ann Raghanti, Derek E. Wildman, Monica Uddin, Lawrence I. Grossman, Morris Goodman, John C. Redmond, Christopher J. Bonari, Joseph M. Erwin, y Patrick R. Hof (2006) Evolution of increased glia–neuron ratios in the human frontal cortex. PNAS., 103, 13606-13611

Szeligo F. y Leblond CP. (1977) Response of the three main types of glial cells of cortex and corpus callosum in rats handled during suckling or exposed to enriched, control and impoverished environments following weaning. J Comp Neurol., 172(2), 247-63.

19 abril 2007

El pulpo escala la pirámide.



Se suele creer, como ya apuntamos aquí, que la evolución sigue una forma piramidal en cuya base se encuentran bacterias y protozoos, en el siguiente piso los invertebrados (celentéreos, anélidos, artrópodos,...), a continuación los vertebrados (y separamos claramente peces, de anfibios y reptiles y aves), más arriba aún, como si no fuesen vertebrados, se habla de los mamíferos, los primates, por encima de ellos, los homínidos y, en la cima de la pirámide, el hombre, dueño del Universo.
Esta pirámide da pie además a pensar que los animales situados más cerca de la base de la supuesta pirámide serían menos inteligentes que los situados más cerca de la cúspide. Sin embargo, no debe olvidarse que los grupos que surgieron hace más tiempo han seguido siendo seleccionados por el ambiente, por lo que se han “perfeccionado” sus sistemas efectores y sensoriales, así como sus sistemas nerviosos, lo que les ha permitido desenvolverse mejor en su medio. Esto ha dado lugar a que grupos de invertebrados como los moluscos marinos del género Octopus (los pulpos) presenten una inteligencia que es mayor comparativamente que la de grupos más cercanos que ellos a la cúspide de la pirámide, como los peces o los anfibios.

Octopus posee un sistema visual muy desarrollado (del que ya se apuntó algo en los comentarios de esta entrada) y presenta un comportamiento natural que es el de atacar a cualquier objeto que aparezca en su campo visual. Sin embargo, es capaz de inhibir esta respuesta cuando ese mismo objeto le produjo anteriormente una experiencia dolorosa, es decir, es capaz de establecer una memoria asociativa emocional. Así, se le pueden presentar a un ejemplar de Octopus dos bolitas, una blanca y otra roja: al atacar a la primera el pulpo recibe una descarga y al atacar a la segunda recibe una recompensa en forma de comida. El pulpo aprende muy rápido a atacar sólo a la bola roja, es decir, la que proporciona la recompensa e inhibe el ataque hacia la bola blanca.

Pero lo interesante es que el pulpo presenta capacidad de aprendizaje por observación, de modo que si mientras un pulpo realiza la tarea anteriormente descrita se permite a otro que observe dicho aprendizaje, cuando se realiza la prueba a este segundo pulpo es capaz, con tan sólo haber observado tres ensayos del primero, de atacar sólo a la bola que le proporciona la recompensa. Por supuesto, ambos pulpos se encontraban separados mediante un panel transparente, para impedir cualquier tipo de comunicación mediante señales químicas.
Las ventajas evolutivas de este tipo de aprendizaje son inmensas puesto que amplían el repertorio de las que se encontraban codificadas genéticamente y permiten al individuo hacer frente a una mayor variedad de estímulos. No sé si podrían ser un esbozo de lo que se conoce como empatía. Para los curiosos recomiendo ver un ejemplo de las ventajas del aprendizaje por observación en primates en este interesante video que conocí gracias a Psicoteca).