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26 junio 2007

El hombre invisible (e invidente)


Me he decidido a escribir este post incluyendo esta curiosidad acerca del hombre invisible como excusa para hablaros de un mundo tan impresionante como lo es el proceso de la visión; hoy nos hemos quedado en las entradas, si estáis interesados pasaremos a los primeros platos y postres.
Cuántas películas habremos visto sobre hombres cuya meta es ser invisible, poder campar a sus anchas por el mundo sin ser visto, espiar a las vecinas, a su mujer sin que ella lo sepa, a su jefe, familiares... en definitiva: al mundo. Es un pensamiento que a todos (no lo podéis negar) se nos ha pasado por la cabeza en algún momento. El poder que te otorgaría ser invisible no se puede describir; todos los ejércitos del mundo matarían por lograr hacer a sus soldados invisibles y así ser indestructibles. Pero, todo esto tiene un fallo fundamental. Muchos productores, directores y guionistas de cine son genios, no lo dudo, pero no poseen muchos conocimientos acerca de la fisiología del sistema visual, ya que no se puede ser invisible sin dejar de ver, y entonces, ¿de qué nos sirve ser invisibles siendo ciegos?

He aquí mi argumento:
Centrémonos en humanos, y perdón centrar mi explicación desde un punto de vista (nunca mejor dicho) antropocéntrico. Los humanos captan la luz del exterior gracias a un sistema de lentes al que llamamos ojo, constituido (simplificando en gran manera), si seguimos el camino de los rayos de luz al entrar en él, por: la córnea, cámara anterior, cristalino y cámara posterior (humor vítreo); la córnea y el cristalino tienen como función concentrar y enfocar los rayos de luz procedentes del exterior hacia la retina, situada en la cara posterior interna del globo ocular. La retina en humanos está compuesta por 10 capas (ver esquema) de células de diferentes tipos interconectadas entre sí para terminar en las células ganglionares, cuyos axones serán los que formarán el nervio óptico que llevará la información visual de ese ojo a la región correspondiente de la corteza visual que es donde realmente “vemos” (no voy a mencionar aquí la percepción visual en la corteza ya que me extendería demasiado). Es en la retina donde se capta la luz gracias a los pigmentos fotoexcitables de conos y bastones (rodopsina y fotopsina), transformando así la luz en impulso nervioso para dirigirlo finalmente a la corteza visual. La retina, al contrario que otros receptores sensitivos como el oído, procede embriológicamente del neuroectodermo, parte del ectodermo que dará lugar al SNC. Los conos y bastones, como la mayoría de las neuronas, no se dividen pero la zona que corresponde a los sacos que contienen los pigmentos está en continua renovación. Los conos son los responsables de la visión diurna, mientras que los bastones se relacionan con la visión en condiciones de escasa iluminación, cuando la luz es insuficiente para excitar a los conos, por eso se dice que son los responsables de la visión nocturna. Como dato curioso en la retina existe un “punto ciego”, es decir, un punto en el que no se capta luz; ya que no existen fotorreceptores porque coincide con la salida de las fibras del nervio óptico. Asimismo existe una zona de máxima sensibilidad a la luz, llamada fóvea, la cual es una depresión en la retina, y debido a esa anatomía, la luz incide directamente sobre los fotorreceptores. Proporciona la máxima agudeza visual no solamente por la mejor llegada de la luz, sino porque este lugar es donde se encuentran la mayor densidad de fotorreceptores de toda la retina, con la particularidad de que todos ellos son conos.
Los fotorreceptores como tales aparecen ya en animales a los que d, de forma errónea, llamamos más primitivos; son ejemplos los fotorreceptores que existen en el tegumento de muchos celenterados, los ocelos de las planarias y poliquetos, el ojo cuculiforme de cefalópodos, muy parecido al nuestro pero por una convergencia evolutiva (no estamos tan emparentados al pulpo como muchas chicas piensan) o el famoso ojo compuesto de artrópodos.
Pues bien la base fundamental de la visión es que los pigmentos de estas células capten la luz para así transformar la energía lumínica en impulso nervioso (Tampoco quiero extenderme en el aspecto de la fototransducción ya que realmente es muy extenso, aunque si queréis o estáis interesados podría hacer un post aparte) el cual se dirigirá por el nervio óptico hasta la corteza visual. Esto no se puede dar en una retina invisible ya que por definición algo es invisible porque no capta luz, ni provoca ninguna variación en las cualidades físicas de la misma, con lo cual no se puede dar la visión. Por lo que tenemos un hombre capaz de estar al lado tuyo sin ser visto pero cegato perdido. Resultado: un hombre invisible es físicamente imposible que vea.
Moraleja: tened cuidado con lo que deseáis; porque lo que a primera vista parecería una posición ventajosa puede estar llena de inconvenientes.