
El lenguaje en otros seres vivos que no sea el ser humano no está ni mucho menos demostrado. Son numerosos y sorprendentes los vídeos de los simios Kanzi, Washoe o Koko, en los que realmente parecen entender lo que les dice el experimentador y además parecen responder de forma apropiada empleando el lenguaje de signos.
Pero, como todo en ciencia, debe analizarse cuidadosamente. Existe un precedente fallido al respecto de estas experiencias que parece importante y que son los experimentos de Herbert Terrace con Nim (su nombre, Nim Chimpsky, era una burla de Noam Chomsky, lingüista que afirma que el lenguaje es una capacidad únicamente humana). Terrace y sus colaboradores trabajaron durante años con Nim tratando de enseñarle a utilizar el lenguaje de signos americano y quedaron sorprendidos de lo rápidamente que Nim aprendía. Cuando Terrace estaba escribiendo el libro en el que describía sus conversaciones con Nim y todo lo que este chimpancé era capaz de hacer se dedicó a ver minuciosamente los vídeos de los experimentos. Lo que vio fue descorazonador: Nim sólo repetía lo que sus cuidadores hacían unos segundos antes. No había duda al respecto, e incluso hicieron algunas pruebas posteriores para confirmarlo que resultaron positivas. Terrace comenzó entonces a criticar experimentos con otros simios como Washoe o Koko en los que ocurría exactamente lo mismo que en el caso de Nim (Terrace se dedicó también a ver vídeos de estos simios con sus entrenadores). Los cuidadores de Wahoe y Koko acusaron a Terrace de ser un skinneriano infiltrado, pero dudo que esa acusación fuese muy acertada al dirigírsela a un hombre que durante años había estado trabajando con Nim y había estado convencido de su capacidad para entender el lenguaje.
Otro caso diferente es el de Kanzi, que no trabaja con el lenguaje de signos sino con lexigramas (símbolos geométricos abstractos representados en fichas de plástico o teclas de ordenador). Pero hay una diferencia muy importante entre emplear un lenguaje y entender el lenguaje. El hecho de que Kanzi pueda trabajar con los lexigramas no quiere decir que entienda qué significan. En la frase “por favor máquina dar plátano” se emplean 4 lexigramas. Kanzi sólo tiene que aprender a colocar esos cuatro lexigramas en el orden adecuado, del mismo modo que una paloma puede aprender a picotear sobre 4 teclas de diferentes colores en un orden determinado para obtener una recompensa. A Kanzi no le hace falta saber qué significan esos lexigramas ni saber nada sobre estructuras sintácticas, sólo que si coloca los lexigramas en el orden adecuado obtiene un plátano. Lo que sí tiene es una excelente memoria para recordar distintas combinaciones de lexigramas.
Pero aparte de estas objeciones básicas hay otras objeciones metodológicas que son también importantes. Por ejemplo, los experimentadores que trabajan con estos simios no suelen aportar todos los datos cuando se les requieren (suele haber vídeos seleccionados o “conversaciones” con ellos en fechas muy diferentes), por lo que los controles sobre este tipo de trabajos son más bien escasos. En ocasiones yo diría que hay un sesgo en favor de aquello que hacen estos simios y que tiene un significado en contra de aquello que hacen y que no lo tiene (del mismo modo que la gente sólo se queda con aquello que ha acertado el horóscopo y no recuerda todo aquello en lo que falló). Y los resultados negativos, si no se olvidan o se obvian, se intentan justificar con explicaciones más bien estrafalarias, como las de la entrenadora de Koko que cuando cometía fallos en las pruebas afirmaba que se trataban de metáforas o mentirijillas. Eso no es serio.
Uno de los miembros del equipo de entrenadores de Washoe afirmó que habían sido demasiado generosos con la interpretación de los signos del chimpancé: “cada vez que el chimpancé realizaba algún signo debíamos rápidamente registrarlo en el diario. Siempre se estaban quejando de que en mi diario había pocos signos ...simplemente yo no los veía La gente oyente registraba cada movimiento que realizaba el chimpancé como si fuese un signo. Cada vez que el chimpancé ponía un dedo en su boca decían ¡está haciendo el signo de beber! Y le daban un poco de leche.”
Que los simios no puedan hablar no es problema. No están sometidos a las mismas condiciones que el ser humano. No necesitan el lenguaje. Enseñar el lenguaje humano a los simios es algo similar a poner a un perro a montar en bici, atándole las patas a los pedales y poner en marcha un motor que los mueva para después decir: ¡mira, el perro monta en bicicleta!
Sólo una cosa más. Entre estos experimentos sí que hubo un verdadero ejemplo de inteligencia animal, que fue el protagonizado por Kanzi, que aprendió a emplear los lexigramas por observación de cómo se le enseñaba a su madre (que no logró aprenderlo). Es uno de los pocos casos documentados de aprendizaje observacional en animales.
Pero, como todo en ciencia, debe analizarse cuidadosamente. Existe un precedente fallido al respecto de estas experiencias que parece importante y que son los experimentos de Herbert Terrace con Nim (su nombre, Nim Chimpsky, era una burla de Noam Chomsky, lingüista que afirma que el lenguaje es una capacidad únicamente humana). Terrace y sus colaboradores trabajaron durante años con Nim tratando de enseñarle a utilizar el lenguaje de signos americano y quedaron sorprendidos de lo rápidamente que Nim aprendía. Cuando Terrace estaba escribiendo el libro en el que describía sus conversaciones con Nim y todo lo que este chimpancé era capaz de hacer se dedicó a ver minuciosamente los vídeos de los experimentos. Lo que vio fue descorazonador: Nim sólo repetía lo que sus cuidadores hacían unos segundos antes. No había duda al respecto, e incluso hicieron algunas pruebas posteriores para confirmarlo que resultaron positivas. Terrace comenzó entonces a criticar experimentos con otros simios como Washoe o Koko en los que ocurría exactamente lo mismo que en el caso de Nim (Terrace se dedicó también a ver vídeos de estos simios con sus entrenadores). Los cuidadores de Wahoe y Koko acusaron a Terrace de ser un skinneriano infiltrado, pero dudo que esa acusación fuese muy acertada al dirigírsela a un hombre que durante años había estado trabajando con Nim y había estado convencido de su capacidad para entender el lenguaje.
Otro caso diferente es el de Kanzi, que no trabaja con el lenguaje de signos sino con lexigramas (símbolos geométricos abstractos representados en fichas de plástico o teclas de ordenador). Pero hay una diferencia muy importante entre emplear un lenguaje y entender el lenguaje. El hecho de que Kanzi pueda trabajar con los lexigramas no quiere decir que entienda qué significan. En la frase “por favor máquina dar plátano” se emplean 4 lexigramas. Kanzi sólo tiene que aprender a colocar esos cuatro lexigramas en el orden adecuado, del mismo modo que una paloma puede aprender a picotear sobre 4 teclas de diferentes colores en un orden determinado para obtener una recompensa. A Kanzi no le hace falta saber qué significan esos lexigramas ni saber nada sobre estructuras sintácticas, sólo que si coloca los lexigramas en el orden adecuado obtiene un plátano. Lo que sí tiene es una excelente memoria para recordar distintas combinaciones de lexigramas.
Pero aparte de estas objeciones básicas hay otras objeciones metodológicas que son también importantes. Por ejemplo, los experimentadores que trabajan con estos simios no suelen aportar todos los datos cuando se les requieren (suele haber vídeos seleccionados o “conversaciones” con ellos en fechas muy diferentes), por lo que los controles sobre este tipo de trabajos son más bien escasos. En ocasiones yo diría que hay un sesgo en favor de aquello que hacen estos simios y que tiene un significado en contra de aquello que hacen y que no lo tiene (del mismo modo que la gente sólo se queda con aquello que ha acertado el horóscopo y no recuerda todo aquello en lo que falló). Y los resultados negativos, si no se olvidan o se obvian, se intentan justificar con explicaciones más bien estrafalarias, como las de la entrenadora de Koko que cuando cometía fallos en las pruebas afirmaba que se trataban de metáforas o mentirijillas. Eso no es serio.
Uno de los miembros del equipo de entrenadores de Washoe afirmó que habían sido demasiado generosos con la interpretación de los signos del chimpancé: “cada vez que el chimpancé realizaba algún signo debíamos rápidamente registrarlo en el diario. Siempre se estaban quejando de que en mi diario había pocos signos ...simplemente yo no los veía La gente oyente registraba cada movimiento que realizaba el chimpancé como si fuese un signo. Cada vez que el chimpancé ponía un dedo en su boca decían ¡está haciendo el signo de beber! Y le daban un poco de leche.”
Que los simios no puedan hablar no es problema. No están sometidos a las mismas condiciones que el ser humano. No necesitan el lenguaje. Enseñar el lenguaje humano a los simios es algo similar a poner a un perro a montar en bici, atándole las patas a los pedales y poner en marcha un motor que los mueva para después decir: ¡mira, el perro monta en bicicleta!
Sólo una cosa más. Entre estos experimentos sí que hubo un verdadero ejemplo de inteligencia animal, que fue el protagonizado por Kanzi, que aprendió a emplear los lexigramas por observación de cómo se le enseñaba a su madre (que no logró aprenderlo). Es uno de los pocos casos documentados de aprendizaje observacional en animales.