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05 agosto 2011

Qué poco sabéis sobre la memoria.




Podéis tomaros como un ataque directo esta afirmación aquellas personas que no seáis expertos en psicología o ciencias afines. Como yo veo esto desde el otro lado del río, me permito el chuleo. Pero expliquemos el porqué de la frasecita.

Esta semana ha aparecido un artículo en la revista PLoS One que evalúa el conocimiento que “la gente de la calle” tiene sobre aspectos relacionados con la memoria. El interés de este trabajo no es sólo el de poner a prueba a la población no versada en psicología acerca de aspectos de la memoria que presentan un alto consenso entre la comunidad científica, sino que la implicación de los resultados de este trabajo es importante si pensamos, por ejemplo, en cómo los jurados emiten veredictos en los juicios.

Hay que decir que la población estudiada es de Estados Unidos, aunque no creo que los resultados hubiesen sido demasiado diferentes si la encuesta se hubiese realizado en cualquier país europeo. Los participantes tuvieron que valorar varias afirmaciones relacionadas con la memoria, diciendo si estaban muy a favor, a favor, en contra, muy en contra o NS/NC, entre las que se encontraban las siguientes. Intenta hacer el test tú:

1.La gente que padece de amnesia habitualmente no puede recordar su propio nombre o identidad.

2.El testimonio de un testigo de confianza debería ser evidencia suficiente como para condenar a un acusado.

3.La memoria humana funciona como una cámara de vídeo, recordando de forma precisa los sucesos que vemos y oímos de modo que después los podremos recuperar y revisar..

4.Una vez que se ha experimentado un suceso y se ha formado una memoria de él, esa memoria ya no cambia.

5.La hipnosis es útil para ayudar a testigos a recordar de forma precisa detalles de crímenes.

6.La gente generalmente se da cuenta de que algo inesperado aparece en su campo de visión, incluso cuando ellos están prestando atención a cualquier otra cosa.

Ninguna de estas afirmaciones es cierta, por distintos motivos, que no voy a comentar, porque esto se haría muy largo. El asunto es que el artículo muestra que en algunos casos, como en los enunciados 1, 3 o 6, el porcentaje de gente que cree que esas afirmaciones es muy alto (82.7%, 63% y 77.5%, respectivamente), lo que sugiere que hay una importante diferencia entre lo que saben los expertos sobre la memoria y las creencias que sobre ella tiene la gente de la calle.

Las causas para este “hueco” entre expertos y el común de los mortales pueden ser varias. Una de ellas, por ejemplo, puede ser el cine. Películas como la serie de Bourne y muchas otras, inducen a pensar que la amnesia da lugar a una pérdida de identidad. Sin embargo, con la amnesia lo más frecuente es observar un defecto a la hora de consolidar nuevas memorias, algo que sí se muestra bien en la película Memento. Por otro lado, es posible que la comunicación entre científicos y resto de la gente no sea todo lo fluida que debiera ser, y que fuese necesario un mayor esfuerzo por dar a conocer los descubrimientos de la ciencia, si bien estas afirmaciones de la encuesta se refieren a aspectos de la memoria que se conocen desde hace décadas. Otra posible fuente de confusión puede ser Internet y las famosas búsquedas en Google, donde no siempre es fácil distinguir entre las páginas que ofrecen una información fiable de aquellas que son mera charlatanería.

Por supuesto, el aspecto más interesante del artículo es el relacionado con la jurisprudencia. Es importante que las personas que sean potenciales jurados tengan claro que, por ejemplo, se ha demostrado que cuando a una persona se la apunta con un arma, recuerda mucho peor el rostro de esa persona porque tenderá a prestar su atención sobre el arma. O que el tratamiento psicológico que pretende traer a nuestra memoria recuerdos perdidos, es más probable que cree falsas memorias antes que nos permita recordar algo que ni siquiera quedó fijado en nuestra memoria. Por supuesto que esto no tiene por qué ser siempre así, pero los jueces, abogados y jurados no deberían ignorar estos aspectos, que pueden ser claves a la hora de determinar su alguien es culpable o no de un crimen.

Os recomiendo que leáis el artículo, especialmente aquellos que hayáis fallado alguna de las respuestas. Además lo podéis bajar gratis porque PLoS One es una revista de libre acceso. En él os explicarán de forma breve algunas de las razones por las que esos enunciados son falsos, o no se suelen cumplir siempre. El artículo muestra que cuanto más habían leído los individuos sobre psicología, mayor esa su grado de rechazo hacia estos enunciados, por lo que aplíquese el cuento el que lo crea oportuno.

Y si queréis ampliar esta información (y otra, acerca de otros mitos de la psicología), os recomiendo el excelente libro 50 mitos de la psicología popular: Las ideas falsas más comunes sobre la conducta humana, de la editorial, Biblioteca Buridán.

19 noviembre 2008

El efecto McGurk.

¿Qué es eso del efecto McGurk? Es resultado de una interacción de diferentes modalidades sensoriales. Como ya hemos comentado alguna vez, nuestro cerebro crea nuestra percepción a partir de la información que llega a nuestros sentidos. El cerebro es muy bueno en dicha labor, pero a veces se equivoca y lo que percibimos no se corresponde con la realidad. Este es el caso del efecto McGurk, pero además este efecto añade algo muy interesante, como es la interacción entre diferentes modalidades sensoriales. ¿Pensabas que lo que ves no puede influir en lo que oyes? Pues no es así, lo que vemos puede modificar la percepción auditiva de lo que estamos oyendo. En esto consiste el Efecto McGurk. Podemos verlo y experimentarlo por nosotros mismos con este vídeo:




Como habrás comprobado por ti mismo, lo que ves (cómo la persona pronuncia una sílaba) influye sobre lo que oyes (en realidad tú entiendes da, cuando lo que tú realmente estás escuchando es ba).
Desde hace unos 50 años ya se comenzaron a hacer estudios sobre cómo influye lo que vemos sobre lo que oímos y una de las primeras cosas que se vieron fue que tener la posibilidad de ver a la persona que está hablando con nosotros mejora el volumen de lo que oímos en hasta 15dB, y esto no ocurre sólo con volúmenes bajos sino que ocurre también cuando las condiciones acústicas no son adversas (recuerda, cuando alguien te grite no le mires y te parecerá que está gritando más bajo).
Después llegó la ilusión auditiva de McGurk en el año 1976, que en realidad estaba estudiando los patrones de imitación de los niños cuando aprendían a hablar y para ello les puso vídeos de personas pronunciando determinadas sílabas, pero el sonido no se correspondía con lo que ellos oían. Cuando llegaron a la combinación ga-ba (como en el vídeo) los niños oían la sílaba da. McGurk echó la bronca al tipo que había preparado los vídeos porque creía que los había montado mal, pero rápidamente se mostró que todo estaba perfectamente y que lo que ocurría era que habían descubierto una forma de producir una ilusión auditiva. De hecho, este efecto también puede conseguirse con otras combinaciones como con la combinación ka (visual) + pa (auditiva), que da lugar a la percepción de ta. Y además McGurk observó que este efecto no sólo se daba en niños sino también en adultos e incluso en niños que todavía no han adquirido el lenguaje (se da incluso en niños de 6 meses de edad).
A partir de entonces este efecto se ha estudiado pormenorizadamente y se han encontrado cosas muy interesantes al respecto. En experimentos de neuroimagen se ha visto que hay una región del cerebro, el surco temporal superior izquierdo, que parece que muestra una diferente activación cuando recibe estímulos congruentes (cuando el estímulo visual y el acústico coinciden) con respecto a cuando estos son incongruentes. Esta región es lo que se conoce como un área de asociación. Las áreas de asociación son regiones del cerebro donde confluyen axones de neuronas que transmiten información de diferente modalidad sensorial y es aquí donde se procesan de forma conjunta y lo que puede dar lugar a ilusiones o errores, como ocurría también en el efecto Stroop que comentábamos recientemente.
Por otro lado, esta es una prueba de que el sistema visual y el auditivo han evolucionado de forma conjunta para permitir, entre otras cosas, un mejor procesamiento del habla. El sistema visual podría ayudar a discriminar sonidos que son difíciles de diferenciar (las personas sordas llevan al extremo esta ventaja cuando leen los labios) y también podría servir como una forma de redundancia, de modo que el estímulo visual incrementaría la confianza sobre el mensaje percibido a través del sistema auditivo (si dos sistemas independientes apuntan a la misma solución entonces podemos confiar más en ella que si sólo uno de ellos la valida). Además, el efecto McGurk no es algo automático sino que requiere de nuestra atención para que se dé, de modo que cuando se incorporan estímulos distractores visuales o auditivos se ve atenuado, lo que además prueba que el efecto no se debe a un mal procesamiento de la vista o el oído sino de la integración de esas dos modalidades sensoriales. Otra prueba de esta ayuda del sistema visual sobre el auditivo es que cuando una persona ve a otra que está hablando pero a la que no puede oír, en su cerebro no sólo se activa la corteza visual (la que responde a lo que sus ojos están viendo) sino que se activa también la corteza auditiva (aun cuando no está escuchando nada).

Por último, dos curiosidades al respecto de la integración visual-auditiva: por un lado, la sinestesia, que consiste en que un estímulo de una determinada modalidad puede evocar otras modalidades sensoriales, de modo que se pueden oler colores o ver los sonidos, que es lo que se cree que le ocurría al pintor ruso Kandinsky, que decía que la música evocaba en él colores y formas. Y, por otro lado, hay personas que perciben un sonido, como un breve clinck cuando mueven sus ojos hacia una determinada posición (en inglés se conoce como gaze-induced tinnitus). En este último caso no se trata de un “error” en la integración de estímulos sino más bien de alguna conexión anómala entre los nervios oculomotores y el sistema auditivo.

Campbell, R., (2008), The processing of audio-visual speech: empirical and neural bases, Phil.Trans.R.Soc.B. 363: 1001-10.

Apunte escrito en colaboración con Héctor, de Psicoteca y Museo de la Ciencia.

05 noviembre 2008

La seducción del lenguaje científico.

¿Es verdad que nos suele convencer más el lenguaje científico que el lenguaje común, aunque nos estén contando exactamente lo mismo? Esa es la pregunta que se hicieron Weisberg y cols. en un trabajo de marzo de este año en Journal of Cognitive Neuroscience titulado “The seductive allure of neuroscience explanations”. Lo que hicieron fue estudiar si la explicación sobre un determinado fenómeno dado por la psicología podía resultar menos convincente que esa misma explicación pero añadiéndole datos procedentes de la neurociencia que no aportasen nada a esa explicación. Al mismo tiempo daban dos explicaciones: una que era buena y otra que no lo era. Así, podían ver dos cosas diferentes: una, si en general los datos neurocientíficos podían ayudar a convencernos de cualquier tipo de explicación (sea esta buena o mala) y, por otro, si los datos neurocientíficos pueden influir en que creamos cosas que no son correctas o que, como poco, son malas explicaciones.
Un ejemplo que ponen los autores sobre la tarea que tenían que realizar los participantes consistía en explicaciones sobre la “maldición del conocimiento”. Si alguien conoce la respuesta a una determinada pregunta creerá que la mayoría de las personas a su alrededor también la conocerán, mientras que si no tiene conocimiento de ella creerá que los que están a su alrededor tampoco lo sabrán. La explicación psicológica correcta es que los sujetos tienen problemas para cambiar su punto de vista por el de otro para considerar lo que éste sabe, de modo que proyectamos erróneamente nuestros conocimientos sobre otros. La explicación buena pero con datos de neurociencia incluía la frase “escáneres del cerebro han mostrado que la circuitería del lóbulo frontal está involucrada en el conocimiento de uno mismo” (lo que no aporta nada a la explicación inicial). La explicación mala de la “maldición del conocimiento” fue que “los sujetos cometen más errores cuando tienen que juzgar el conocimiento de otros. La gente es mucho mejor juzgando lo que ellos mismos piensan” (como puede verse la mala explicación no explica demasiado a qué se debe la maldición). La mala explicación con la frase neurocientífica contenía exactamente la misma frase que la explicación buena.
Lo que encontraron los autores fue que gente que no tenía experiencia en ciencia encontraban más satisfactoria la explicación buena (con y sin la frase de la neurociencia), pero en el caso de las explicaciones malas se vio que mientras que cuando no contenían la frase de la neurociencia no era convincente para los sujetos, sí que lo era cuando contenía la frase de la neurociencia (ver gráfica).



Pero lo interesante del trabajo es que después hicieron esta misma prueba a estudiantes de neurociencia y se vio más o menos el mismo patrón pero con una diferencia. La explicación buena les parecía mejor cuando incluía la frase neurocientífica.




Y por último les pasaron la prueba a gente que se dedicaba profesionalmente a las neurociencias y en este caso las frases de la neurociencia no tuvieron efecto sobre sus valoraciones acerca de lo buena o mala que era la explicación (si acaso tendía a hacer menos convincente la explicación buena).


Desde luego el conocimiento es importante a la hora de saber valorar las explicaciones que contienen lenguaje científico. Esta “fe” en el lenguaje científico podría deberse tanto a la ignorancia del mismo como al argumento de autoridad, es decir, a considerar como mejores o más precisas determinadas explicaciones cuando contienen lenguaje científico (digamos mejor tecnicismos). Seguramente este resultado se puede encontrar en muchos otros campos (la física es un buen campo para probar este mismo efecto).
Es este poder seductor del lenguaje científico el que emplean algunos charlatanes como la gente de Ramtha, revistas que afirman ser de salud (este es un buen ejemplo) o incluso los anuncios de yogures (aunque este video de Rober Bodegas no es ciencia lleva toda la razón, hace hincapié en la autoridad del médico y además de paso os podéis echar unas risas si os ha aburrido el apunte).

Weisberg et al. (2008), The seductive allurew of neuroscience explanations, Journal of Cognitive Neuroscience 20 (3): 470-7.

02 noviembre 2008

El efecto Stroop.

¿Qué es el Efecto Stroop? Para conocer qué es, nada mejor que probarlo por uno mismo. Para ello podemos usar este Cd didáctico de psicología recreativa, que montaron los chicos del laboratorio de psicología de aprendizaje la Universidad de Deusto en 2006. Dentro del mismo encontramos varios experimentos que podemos hacer por nosotros mismos, y que muestran diferentes curiosidades relacionadas con la psicología. El que nos interesa en esta ocasión es el primero de todos, el titulado “¿Conoces los colores?”. Lo dicho probad por vosotros mismos el efecto antes de seguir leyendo. ¿Ya está? Os espero si eso…¿ya? Jejeje. Seguimos entonces…
Lo que has experimentado se debe a un conocido efecto, clásico en psicología, descubierto por John Ridley Stroop allá por el año 1935.
Al hacer el experimento hace un momento la primera vez, has nombrado los colores en que las palabras estaban escritas y estos coincidían con el color que la palabra “decía”. Pero en la segunda ocasión, el color con que estaba escrita la palabra (y que era lo que había que nombrar), no coincidía con lo que en la palabra estaba escrito. El Efecto Stroop consiste básicamente en un aumento en el tiempo con el que se tardan en nombrar los colores de las palabras, debido a una interferencia provocada por el acto automatizado de la lectura con el hecho de pronunciar el color. En el propio CD y en el enlace de Wikipedia, se puede encontrar también explicado dicho efecto de forma clara y sencilla.
Haz la prueba si quieres nombrando los siguientes colores, recuerda que has de nombrar siempre el color en el que están escritos…

Amarillo anaranjado azul gris morado negro rojo rosado verde

¿Qué tal ha ido? Ahora prueba con estos…

Amarillo anaranjado azul gris morado negro rojo rosado verde

Supongo que la segunda vez habrá sido un poco más difícil, ¿no? Verás lo que ocurre si los nombres son en japonés, aunque sin las letras propias del idioma…

kiiro orenlli aoi guree murasaki kuroi akai pinku midori

Ahora en japonés pero con colores cambiados, ¿costará más?

kiiro orenlli aoi guree murasaki kuroi akai pinku midori

Se ha sugerido que el efecto Stroop se debe a que hay ciertas redes neuronales que se solapan y que participan de forma paralela en el proceso de nombrar el color y en el de leer la palabra. Las vías de la lectura estarían más reforzadas en el cerebro debido a la experiencia previa y facilitarían el procesamiento de las vías que se encargan de nombrar el color cuando los estímulos de color y palabra son congruentes (es decir, cuando coinciden la palabra y el color en el que está representada). Pero si los estímulos son incongruentes, entonces las vías de la lectura interferirían con las encargadas de nombrar el color. Pero obviamente sólo habrá interferencia si entendemos el idioma en el que están escritas las palabras. Es por eso que seguramente te ha resultado más fácil decir los nombres de los colores cuando las palabras estaban en japonés (si es que no entiendes japonés, claro) incluso aunque palabra y color no coincidieran.
Las mejores evidencias de que existe una base anatómica para el efecto Stroop proceden de trabajos con PET (tomografía por emisión de positrones) y fMRI (resonancia magnética funcional) en estudios de individuos sanos. Las áreas que parecen más involucradas en el control atencional durante la realización de esta tarea son la corteza cingulada anterior (ACC) y la corteza prefrontal dorsolateral (DLPFC). De hecho, la primera se ha relacionado en muy diversos trabajos con la detección de errores o la selección de respuestas, mientras que la segunda se ha relacionado con diversos aspectos de la inhibición del comportamiento. Pero además hay otras áreas del cerebro involucradas en esta tarea como son las cortezas parietal y prefrontal inferior o las áreas de asociación visuales.
Además se ha estudiado cómo afecta la experiencia a la realización de esta prueba. Como sería de esperar, la experiencia hace que se cometan menos errores y se responda más rápidamente al realizar la tarea y esta mejora se ha correlacionado con cambios en la actividad de algunas áreas del cerebro que son, precisamente la ACC (cuya actividad disminuye a medida que se va haciendo mejor la tarea) y la DLPFC (cuya actividad incrementa). En un trabajo (1) se describió también una disminución en la actividad de la vía visual ventral que, dicen los autores, podría estar relacionado con la inhibición de la lectura de la palabra cuando esta acción es irrelevante (es decir, cuando palabra y color no coinciden).

Pero el efecto Stroop no sólo se ha empleado con palabras y colores, sino que hay otras modalidades. Una de ellas es el efecto Stroop auditivo que es muy parecido al descrito, pero se realiza con imágenes y sonidos que habitualmente están relacionados entre sí. Y otro, bastante interesante también, es la interferencia Stroop emocional, que se emplea a veces como herramienta para estudiar la depresión. En esta tarea se presentan palabras afectivas o emocionales en varios colores y los sujetos tienen que nombrar el color de las palabras. El efecto de interferencia surge cuando se presta atención a expresiones emocionales que hacen emerger memorias personales de pérdida o decepción. Esta interferencia es especialmente acusada en los pacientes con depresión, ya que se ha mostrado que éstos muestran un sesgo en su memoria que tiende hacia las memorias de pérdida o decepción. De este modo, los pacientes con depresión suelen tardar más en identificar el color de palabras con una carga emocional negativa (llorar, desafortunado, débil) que cuando las palabras son neutras (comer, caminar, perro) o positivas (felicidad, abrazo). En este caso también se ha mostrado que la ACC está implicada en esta tarea (2). Este efecto también se ha aplicado para estudiar a pacientes esquizofrénicos, con Alzheimer o con dolor crónico y, como curiosidad, también se ha empleado bastante para estudiar a personas bilingües.


(1) Harrison, B.J. (2005), Functional connectivity during Stroop task performance, NeuroImage 24: 181-91.
(2) Mitterschiffthaler, M.T., (2008), Neural basis of the emotional Stroop interference effect in major depression, Psychol. Medicine 38: 247-256.

Artículo escrito por Brainy y Héctor. Revisado por Sophie, de Mondo Medico.

24 marzo 2008

Intuiciones y toma de decisiones.

Resumen de la conferencia impartida por Gerg Gigerenzer en el ciclo Ciencia y Sociedad organizado por la Fundación Central Hispano en el Museo de la Ciudad de Madrid.

Las intuiciones son juicios irracionales que aparecen de repente en la consciencia o que incluso ni llegan a alcanzarla, pero que nos ayudan a manejarnos en nuestra vida diaria.
Desde los tiempos de William James la intuición ha sido denostada frente al pensamiento racional y habitualmente se atribuía una mayor intuición a las mujeres que a los hombres (algo que se tenía por negativo). Sin embargo, los estudios al respecto no han mostrado que las intuiciones sean mejores en hombres o en mujeres. En lo que sí hay diferencias es en la creencia de quién es más intuitivo y en función de qué tarea estemos desempeñando. Por ejemplo, cuando se preguntó a hombres y mujeres acerca de la intuición para elegir pareja, tanto hombres como mujeres respondieron que las mujeres tenían mejor intuición en ese sentido y cuando se les preguntó acerca de la intuición para invertir en bolsa, en este caso tanto hombres como mujeres dijeron que los hombres tenían una mejor intuición para las inversiones. Pero estas creencias no se ajustan a los datos reales, ya que no se han encontrado diferencias entre hombres y mujeres en estos campos.

Clásicamente se han propuesto tres orígenes para las intuiciones: una voz de Dios que nos habla e indica qué hay que hacer en cada momento, una tendencia debida a limitaciones cognitivas (cuando no podemos razonar sobre algo tiramos de intuición) o bien el empleo de heurísticos rápidos. Gerd Gigerenzer se queda con esta última opción.

Así, por ejemplo, su equipo ha estudiado el llamado heurístico de mirada, que puede aplicarse, por ejemplo, a cómo alguien coge una pelota que le lanzan desde lejos. Dawkins propone en un pasaje de El gen egoísta que el sujeto tendría que calcular de forma inconsciente la parábola descrita por la pelota lanzada, teniendo en cuenta la velocidad y sentido del viento, el peso aproximado de la pelota y la fuerza con que fue lanzada, pero todo es mucho más sencillo. Bastan tres simples acciones para coger la pelota sin necesidad de realizar todos esos cálculos: mantener la mirada en la pelota, comenzar a correr hacia ella y mantener en todo momento el ángulo de la mirada constante. De ese modo se cogerá la pelota sin problemas. Y parece que ese mismo heurístico de mirada lo emplean algunos animales para cazar a sus presas, como las aves o algunos insectos, o lo emplean los marineros para no chocar su barco con otros.


Hay otro heurístico muy empleado y que puede servir de gran ayuda. El Premio Nobel de Economía Markovitch fue galardonado gracias a su trabajo acerca de la asignación de recursos, que consiste en asegurar las ganancias y reducir los gastos (teniendo en cuenta la información positiva y negativa respecto a la inversión). Pero cuando Markovitch se dedicó a invertir en bolsa se olvidó de este principio y empleó uno mucho más sencillo: la regla 1/N. Cuando hay varias opciones suele ser más rentable (lo muestran los estudios realizados) invertir de forma igualitaria entre todas esas opciones. Todo depende del número de opciones y de la información disponible. Si el número de opciones es muy alto es mejor reducir la información y emplear el heurístico simple. Lo mismo ocurre si, por el contrario, disponemos de pocos datos. Y este mismo heurístico lo suelen aplicar, por ejemplo los padres al repartir los recursos entre sus hijos, aunque no siempre sea justo.
Un parámetro importante a la hora de emplear un heurístico es el tiempo. Más tiempo no siempre significa realizar una tarea mejor, sobre todo cuando se es un experto en esa tarea. El grupo de Gigerenzer trabajó con golfistas amateur y profesionales y les dijeron que se tomasen tiempo en pensar en su swing cuando golpeasen a la bola. Lo que ocurrió fue que los amateur mejoraron pero los profesionales empeoraron. Pero después les dijeron que tendrían como máximo tres segundos para golpear la pelota. Con esas condiciones fueron los golfistas profesionales los que mejoraron, frente a los amateur, que empeoraron.

Pero a veces los heurísticos pueden no ayudarnos. Por ejemplo, una intuición muy habitual es: si mucha gente ha muerto en una determinada circunstancia, debes evitar esa circunstancia. Esta intuición puede tener un origen evolutivo referido a los pequeños grupos humanos que existían hace millones de años, pero ahora podría resultar irrelevante o incluso perjudicial para el que lo sigue. Un ejemplo está en los meses siguientes al 11-S. Se han analizado los datos de desplazamientos de larga distancia por carretera tras los atentados y se ha observado que dichos desplazamientos se incrementaron en un 5% y que, en consecuencia, se produjeron 1500 muertes en carretera que no se hubiesen producido si se hubiese seguido utilizando de forma preferente el avión para realizar esos viajes.

Gigerenzer mostró también un sistema de diagnóstico basado en intuiciones para las secciones de cardiología que ya se ha implantado en algunos hospitales en EEUU y que parece que funciona mejor que los protocolos habituales.

El autor hace especial énfasis en lo positivo de la intuición y afirma que deberíamos dejarnos guiar más por ella, pero apenas cita en su charla casos negativos de intuiciones. De hecho, los psicólogos Kahneman y Tversky recibieron un Nobel precisamente por mostrar que los heurísticos no siempre eran buenos (ver algún ejemplo en Psicoteca), y lo mismo ocurre con algunas de nuestras intuiciones cotidianas (que ya tratamos aquí)- En muchas ocasiones estos problemas tienen que ver con nuestra nefasta capacidad para razonar de forma matemática de forma intuitiva (ver este otro ejemplo muy interesante).
Y, lo que se echó de menos fue algo de neurociencia. Aunque el autor habló en todo momento de que era el cerebro mediante procesos inconscientes el que daba lugar a la intuición, no se refirió en ningún momento a neuronas o áreas implicadas, pero se le perdona porque la conferencia fue muy entretenida.