El mentalista dirige una mirada desdeñosa al público antes de dirigirse a él. El plató esta a rebosar y, en sus casas, dos millones de personas contemplan el espectáculo.
-Ejem, ejem...no sé si lo conseguiré...esto va a ser difícil, pero...¡vamos allá!- resuena una música atronadora- ¡Rápido, enciendan cuatro o cinco lámparas en sus casas!- el mentalista espera unos treinta segundos- ¿ya está? Bien. Voy a intentar lo siguiente: me concentraré y utilizaré mi fuerza mental para apagar algunas de las bombillas que acaban de encender.
El mentalista se concentra, comienza con inspiraciones y espiraciones profundas, suda profusamente y permanece en ese estado durante diez minutos. A continuación comienzan a arreciar las llamadas de personas que aseguran que en sus casas se han fundido bombillas, que no pueden creérselo, que ese hombre realmente tiene poderes.
¿Tiene poderes nuestro mentalista? No, pero sabe algo de cálculo de probabilidades y eso le permite engañar a los que no saben nada al respecto. El mentalista sabe que las bombillas tienen una edad media de entre 1000 y 2000 horas y que si los 2 millones de telespectadores han hecho lo que él les ha pedido habrá al menos cuatro o cinco (si no más) bombillas encendidas en cada casa, en total unos 10 millones de bombillas encendidas al mismo tiempo. Teniendo en cuenta que esas bombillas tienen diferentes edades (en horas: 100, 200,..., 1999), entonces puede calcularse la probabilidad de que en algunas de las casas de los telespectadores su funda alguna bombilla. No nos sorprendería entonces el hecho de que el programa de televisión recibiese hasta 2000 llamadas de personas afirmando que en su casa se ha fundido alguna bombilla.
Son dos las consecuencias de conocer el cálculo de probabilidades y lo que ello implica. Sigamos con el ejemplo. Por un lado, si no supiésemos a priori la edad de las bombillas podemos predecir que en algunas casas se fundirán bombillas pero no podremos decir en cuáles de ellas se fundirán, es decir, podemos predecir un hecho improbable de tipo general (se van a fundir bombillas en algunas casas) pero no un hecho improbable concreto (se va a fundir la bombilla x en la casa y), por eso el azar es ciego, pues si no ya no es azar. Y en segundo lugar, y más importante todavía, en determinadas circunstancias, como en nuestro ejemplo, lo realmente improbable es que no tenga lugar un suceso improbable (hubiese sido realmente raro que ninguna bombilla se hubiese fundido, pues es más probable que algunas de ellas se fundan).
Estos errores en el cálculo de probabilidades tienen mucho que ver con la mala comprensión de la teoría de la evolución. En primer lugar porque solemos atender a sujetos concretos olvidándonos de que un sujeto concreto comparte genes con toda una población de hasta millones de individuos y que sus oportunidades para variar (sufrir mutaciones) son individuales pero en un grupo amplio, y en un rango de tiempo que se mide en escala geológica (millones de años). Es decir, no podemos predecir que un sujeto determinado vaya a cambiar, pero sí que algunos de ellos lo harán (aunque no sabemos cuáles). Este es el motivo por el que la evolución no es teleológica (dirigida en un sentido determinado): la mutaciones son aleatorias y no hay manera de predecir dónde y cuándo se producirán tales mutaciones, aunque sabemos que se producirán*.
Por último, sabiendo que las mutaciones son inevitables (los cálculos son variables pero hay datos que muestran que se produce una mutación por cada 10000 pares de bases copiadas) y que el número de individuos sobre los que se producirán tales mutaciones es descomunal (millones de individuos) es más probable que alguno de esos individuos cambie (“para bien” o “para mal”, eso es ahora irrelevante) que el hecho de que no lo haga. Sería por eso realmente raro que ningún grupo filogenético hubiese cambiado a lo largo de estos 4000 millones de años de existencia de vida sobre la Tierra. Simple cuestión de probabilidades.
*.Obviamente considero que la existencia de las mutaciones es evidente aunque recientemente he sabido que hay quien niega su existencia. Por otro lado, también se sabe que ciertas regiones del ADN tienen más probabilidades de sufrir mutaciones que otras.
El mérito del ejemplo del mentalista y las bombillas corresponde a Charpak y Broch, que lo incluyeron en su libro de lectura obligada Conviértase en brujo, conviértase en sabio. Recientemente he leído el mismo razonamiento en el libro de Dawkins Destejiendo el arco iris, pero en este caso se trataba de relojes parados que vuelven a funcionar gracias a los “poderes” de algún mentalista (creo que Uri Geller lo hizo en alguna ocasión).
-Ejem, ejem...no sé si lo conseguiré...esto va a ser difícil, pero...¡vamos allá!- resuena una música atronadora- ¡Rápido, enciendan cuatro o cinco lámparas en sus casas!- el mentalista espera unos treinta segundos- ¿ya está? Bien. Voy a intentar lo siguiente: me concentraré y utilizaré mi fuerza mental para apagar algunas de las bombillas que acaban de encender.
El mentalista se concentra, comienza con inspiraciones y espiraciones profundas, suda profusamente y permanece en ese estado durante diez minutos. A continuación comienzan a arreciar las llamadas de personas que aseguran que en sus casas se han fundido bombillas, que no pueden creérselo, que ese hombre realmente tiene poderes.
¿Tiene poderes nuestro mentalista? No, pero sabe algo de cálculo de probabilidades y eso le permite engañar a los que no saben nada al respecto. El mentalista sabe que las bombillas tienen una edad media de entre 1000 y 2000 horas y que si los 2 millones de telespectadores han hecho lo que él les ha pedido habrá al menos cuatro o cinco (si no más) bombillas encendidas en cada casa, en total unos 10 millones de bombillas encendidas al mismo tiempo. Teniendo en cuenta que esas bombillas tienen diferentes edades (en horas: 100, 200,..., 1999), entonces puede calcularse la probabilidad de que en algunas de las casas de los telespectadores su funda alguna bombilla. No nos sorprendería entonces el hecho de que el programa de televisión recibiese hasta 2000 llamadas de personas afirmando que en su casa se ha fundido alguna bombilla.
Son dos las consecuencias de conocer el cálculo de probabilidades y lo que ello implica. Sigamos con el ejemplo. Por un lado, si no supiésemos a priori la edad de las bombillas podemos predecir que en algunas casas se fundirán bombillas pero no podremos decir en cuáles de ellas se fundirán, es decir, podemos predecir un hecho improbable de tipo general (se van a fundir bombillas en algunas casas) pero no un hecho improbable concreto (se va a fundir la bombilla x en la casa y), por eso el azar es ciego, pues si no ya no es azar. Y en segundo lugar, y más importante todavía, en determinadas circunstancias, como en nuestro ejemplo, lo realmente improbable es que no tenga lugar un suceso improbable (hubiese sido realmente raro que ninguna bombilla se hubiese fundido, pues es más probable que algunas de ellas se fundan).
Estos errores en el cálculo de probabilidades tienen mucho que ver con la mala comprensión de la teoría de la evolución. En primer lugar porque solemos atender a sujetos concretos olvidándonos de que un sujeto concreto comparte genes con toda una población de hasta millones de individuos y que sus oportunidades para variar (sufrir mutaciones) son individuales pero en un grupo amplio, y en un rango de tiempo que se mide en escala geológica (millones de años). Es decir, no podemos predecir que un sujeto determinado vaya a cambiar, pero sí que algunos de ellos lo harán (aunque no sabemos cuáles). Este es el motivo por el que la evolución no es teleológica (dirigida en un sentido determinado): la mutaciones son aleatorias y no hay manera de predecir dónde y cuándo se producirán tales mutaciones, aunque sabemos que se producirán*.
Por último, sabiendo que las mutaciones son inevitables (los cálculos son variables pero hay datos que muestran que se produce una mutación por cada 10000 pares de bases copiadas) y que el número de individuos sobre los que se producirán tales mutaciones es descomunal (millones de individuos) es más probable que alguno de esos individuos cambie (“para bien” o “para mal”, eso es ahora irrelevante) que el hecho de que no lo haga. Sería por eso realmente raro que ningún grupo filogenético hubiese cambiado a lo largo de estos 4000 millones de años de existencia de vida sobre la Tierra. Simple cuestión de probabilidades.
*.Obviamente considero que la existencia de las mutaciones es evidente aunque recientemente he sabido que hay quien niega su existencia. Por otro lado, también se sabe que ciertas regiones del ADN tienen más probabilidades de sufrir mutaciones que otras.
El mérito del ejemplo del mentalista y las bombillas corresponde a Charpak y Broch, que lo incluyeron en su libro de lectura obligada Conviértase en brujo, conviértase en sabio. Recientemente he leído el mismo razonamiento en el libro de Dawkins Destejiendo el arco iris, pero en este caso se trataba de relojes parados que vuelven a funcionar gracias a los “poderes” de algún mentalista (creo que Uri Geller lo hizo en alguna ocasión).